La ética protestante y el espíritu del capitalismo por Max Weber

Weber

La ética protestante y el espíritu del capitalismo, por el sociólogo alemán, Max Weber, es una de las obras más importantes de las ciencias sociales.

¿Qué entiende Weber por “capitalismo”?

Weber define el capitalismo en términos muy concretos, aunados en un código ético que se complementa mejor con algunas culturas que con otras.

Antes nos aclara que no hay nada nuevo en la determinación que tienen ciertos mercaderes por adquirir la mayor cantidad de dinero posible. Este impulso no es exclusivo del capitalismo y ha existido por mucho tiempo en empresarios, oficiales públicos, prostitutas, militares, doctores, mesoneros, entre otros.

De hecho, Weber establece que la idea cándida de que el capitalismo es el origen de la avaricia debe cesar.

La ética capitalista, según Weber, es una de autocontrol, o financiamiento racional, para generar ganancias (en vez de pérdidas) a través del emprendimiento continuo e inteligente.

Aquello que es improductivo y mísero, no es racional ni capitalista.

Por eso es que un emprendedor capitalista conoce su balanza de pagos y analiza tanto sus activos como pasivos, para determinar si su empresa está mejorando o implosionando.

Weber explica que históricamente han existido individuos que adquieren bienes especulando o saqueando a otros, es decir, de manera desorganizada o forzosa.

La nueva organización racional capitalista del comercio libre y formal compite con ese paradigma.

Basado en esto, podemos decir que el capitalismo según Weber es: una actividad racional, lo cual equivale a la estructuración de una organización, la utilización de la producción técnica, el análisis científico, así como la esquematización de un sistema legal que permita la prosperidad.

Los valores culturales potencian o restringen la productividad

Existen factores culturales que acercan o alejan al individuo del espíritu capitalista.

Hay culturas cuya ética les permite producir en el capitalismo racional con austeridad, autocontrol, precisión, técnica, ciencia y motivación.

Otras culturas son más propensas al despilfarro y la especulación irracional.

Cómo la ética protestante potenció el espíritu capitalista

Los católicos en el análisis de Weber, tienden a preferir las humanidades sobre las ciencias. Por ende, son menos propensos al emprendimiento.

Para Weber esta explicación no es socio-histórica ni política, sino que está aunada en las creencias y valores intrínsecos de cada religión.

De igual manera, no todas las sectas protestantes se compenetran con el capitalismo.

La ética calvinista es la que mejor se adhiere a esta doctrina.

Donde el catolicismo exige ascetismo para purificar el espíritu, los calvinistas ven sus labores cotidianas como una prueba del toque divino.

“El calvinista elabora para sí su propia salvación, mejor dicho, la seguridad de ella. Ahora bien, esto no implica (como en el catolicismo) el hecho constante de acumular buenas obras aisladas; conviene más pronto el propio control metódico ante la alternativa que se presenta a diario de ¿elegido o condenado?” – Max Weber

Surge en el calvinismo una doctrina que debe interpretar la predestinación individualmente.

Esta secta religiosa entiende la predestinación como la decisión que toma dios sobre las almas antes de que nazcan: algunos están destinados a la salvación, otros están condenados.

Por eso es que los calvinistas no ven la abstinencia como la forma de ganarse la salvación: no hay salvación qué ganarse si ya todo está decidido.

La interpretación calvinista va más allá: el ser humano, no es un recipiente pasivo de favores místicos, sino un instrumento activo de su gracia.

El calvinista debe comprobar todos los días que dios lo “eligió” al nacer y que no lo “condenó”.

Para ello, es necesario que tenga confianza en sí mismo. Su desconfianza es señal de que ha sido condenado.

De ahí que esa gracia se deba ver reflejada no tanto en su apego a la doctrina de una iglesia, porque la iglesia no lo puede salvar, sino en las labores de su vida privada y secular.

Consecuentemente, la fe debe demostrarse activamente, en resultados objetivos y palpables.

Este acercamiento a la vida privada, secular, activa, y productiva, no determinó pero sí impulsó el espíritu capitalista.

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