Libertad e igualdad: claves para la “Teoría de la Justicia” de John Rawls

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“Teoría de la Justicia” de John Rawls se enmarca dentro de la tradición contractual, estableciendo un tipo de acuerdo que pretende mejorar los Estados imaginados por Hobbes, Locke, Rousseau, Kant, Bentham, Mill, entre otros.

“Esta obra ha sido aplaudida por su influencia en la filosofía política, ya que de muchas maneras revivió el interés por definir los principios de la democracia moderna, más allá del entendimiento económico y utilitario.

Es por eso que Rawls se embarca en una travesía profundamente kantiana: extensa, detallada, y a veces redundante.

Desde entonces se han suscitado muchas críticas a su pensamiento, como es normal y necesario, no queriendo decir que se pueda echar a la basura su teoría, lo cual sería como decir que Platón o Aristóteles no valen la pena.

Una respuesta al utilitarismo

En aquella época parecía que competían dos concepciones principales: el utilitarismo y el intuicionismo.

Uno de los objetivos de Rawls en esta obra es crear una teoría que supere ambos sistemas.

Justicia como imparcialidad, posición original, y velo de la ignorancia

Según Rawls, el objetivo de la justicia es conformar la estructura básica de la sociedad, es decir:

“el modo en que las grandes instituciones sociales distribuyen los derechos y deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social. Por grandes instituciones entiendo la constitución política y las principales disposiciones económicas y sociales. Así, la protección jurídica de la libertad de pensamiento y de conciencia, la competencia mercantil, la propiedad privada de los medios de producción y la familia monógama son ejemplos de las grandes instituciones sociales. Tomadas en conjunto, como esquema, las grandes instituciones definen los derechos y deberes del hombre e influyen sobre sus perspectivas de vida, sobre lo que puede esperar hacer y sobre lo que haga” (Rawls, 1995: 20).

No perdamos de vista esta definición porque establece uno de los puntos más importantes de la teoría de Rawls: es profundamente “institucional”.

La razón es su forma de entender, desde la tradición contractual, la creación de una “sociedad”: asociación de personas que actúan según reglas de conducta acordadas, como sistema de cooperación entre intereses en conflicto, donde todos buscan obtener ventajas comunes.

“La cooperación social hace posible para todos una vida mejor de la que pudiera tener cada uno si viviera únicamente de sus propios esfuerzos” (Ibid: 18).

El problema es que el conflicto de intereses hace que cada quien quiera apropiarse de mayores ventajas.

“Se requiere entonces un conjunto de principios para escoger entre las diferentes disposiciones sociales que determinan esta división de ventajas y para suscribir un convenio sobre las participaciones distributivas correctas. Estos principios son los principios de la justicia social: proporcionan un modo para asignar derechos y deberes en las instituciones básicas de la sociedad y definen la distribución apropiada de los beneficios y las cargas de la cooperación social” (Ibidem).

Estos principios se supone que promueven el bien de sus miembros porque existe un consenso sobre lo que entendemos por justicia, la ventaja siendo que:

“1) cada cual acepta y sabe que los demás aceptan los mismos principios de justicia, y 2) las instituciones sociales básicas satisfacen generalmente estos principios y se sabe generalmente que lo hacen. En este caso, aun cuando los hombres puedan hacer demandas excesivas entre ellos, reconocerán, sin embargo, un punto de vista común conforme al cual sus pretensiones pueden resolverse” (Ibidem).

La idea es sencilla: cumplo con mi deber porque sé que los demás también cumplen su parte del contrato social y, cuando no lo hacen, existen instituciones que se encargan de hacer respetar los principios resolviendo las controversias.

Pero Rawls sabe que un problema al que se enfrentan todas las teorías de la justicia es la discusión entre distintas concepciones en competencia.

“Una concepción compartida de la justicia establece los vínculos de la amistad cívica” (Ibid: 19).

¿Cómo establecer entonces los acuerdos necesarios para conformar una asociación?

Para comenzar, es necesario que no se hagan distinciones arbitrarias, de manera que exista un equilibro genuino.

¿Cómo establecer tal equilibrio?

El problema de los acuerdos es que, de entrada, todos somos diferentes: cada quien tiene una posición social distinta, con expectativas de vida distintas, y circunstancias económicas y sociales distintas.

Pareciera ser que las instituciones tienden a favorecer ciertas posiciones por sobre otras, posiciones que no siempre dependen del mérito. Esas preferencias institucionales arbitrarias profundizan las desigualdades como resultado.

Por eso es que Rawls propone principios de la justicia implementados en una sociedad bien ordenada, es decir, perfecta en vez de parcialmente justa, posición ideal que considera necesaria para atener la mejor teoría de la justicia posible.

Definir dichos principios, requiere de una combinación de mecanismos: “justicia como imparcialidad”, “posición original”, y “velo de la ignorancia”, los cuales resume en el siguiente párrafo:

“En la justicia como imparcialidad, la posición original de igualdad corresponde al estado de naturaleza en la teoría tradicional del contrato social. Por supuesto que la posición original no está pensada como un estado de cosas históricamente real, y mucho menos como una situación primitiva de la cultura. Se considera como una situación puramente hipotética caracterizada de tal modo que conduce a cierta concepción de la justicia. Entre los rasgos esenciales de esta situación, está el de que nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social; nadie sabe tampoco cuál es su suerte en la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza, etc. Supondré, incluso, que los propios miembros del grupo no conocen sus concepciones acerca del bien, ni sus tendencias psicológicas especiales. Los principios de la justicia se escogen tras un velo de ignorancia. Esto asegura que los resultados del azar natural o de las contingencias de las circunstancias sociales no darán a nadie ventajas ni desventajas al escoger los principios. Dado que todos están situados de manera semejante y que ninguno es capaz de delinear principios que favorezcan su condición particular, los principios de la justicia serán el resultado de un acuerdo o de un convenio justo, pues dadas las circunstancias de la posición original y la simetría de las relaciones entre las partes, esta situación inicial es equitativa entre las personas en tanto que seres morales, esto es, en tanto que seres racionales con sus propios fines, a quienes supondré capaces de un sentido de la justicia. Podría decirse que la posición original es el statu quo inicial apropiado y que, en consecuencia, los acuerdos fundamentales logrados en ella son justos. Esto explica lo apropiado del nombre “justicia como imparcialidad”: transmite la idea de que los principios de la justicia se acuerdan en una situación inicial que es justa” (Ibid:25).

Explicado de otra manera: para establecer los mejores principios de la justicia, aquellos que están por sobre los demás, es necesario crear un artilugio completamente hipotético, un contexto en el que, en la posición original, cuando es necesario definir de una vez por todas el contrato social y con él todos los principios de la justicia que regirán la sociedad, ignoremos todos nuestros intereses, ignoremos si somos pobres o ricos, cristianos o musulmanes, liberales o socialistas.

Solo así, según Rawls, podremos tomar una decisión racional e imparcial sobre lo que entendemos por justicia.

“Así pues, parece razonable y generalmente aceptable que nadie esté colocado en una posición ventajosa o desventajosa por la fortuna natural o por las circunstancias sociales al escoger los principios. Parece también ampliamente aceptado que debiera ser imposible adaptar principios a las circunstancias de nuestro propio caso… Por ejemplo, si un hombre sabe que él es rico, puede encontrar racional proponer que diversos impuestos a medidas de beneficencia sean declarados injustos; si supiera que era pobre, es muy probable que propusiera el principio contrario. Para presentar las restricciones deseadas hemos de imaginar una situación en la que todos estén desprovistos de esta clase de información. Se excluye el conocimiento de aquellas contingencias que enfrentan a los hombres y les permiten dejarse guiar por prejuicios. De esta manera se llega al velo de la ignorancia de un modo natural” (Ibud: 30-31).

Los principios de la justicia

  • “Primero: Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás.
  • Segundo: Las desigualdades sociales y económicas habrán de ser conformadas de modo tal que a la vez que: a) se espere razonablemente que sean ventajosas para todos, b) se vinculen a empleos y cargos asequibles para todos” (Ibid: 67-68).

Las libertades básicas son:

“… la libertad política (el derecho a votar y a ser elegible para ocupar

puestos públicos) y la libertad de expresión y de reunión; la libertad de conciencia

y de pensamiento; la libertad de la persona que incluye la libertad

frente a la opresión psicológica, la agresión física y el desmembramiento

(integridad de la persona); el derecho a la propiedad personal y la libertad

respecto al arresto y detención arbitrarios, tal y como está definida por el concepto

de estado de derecho” (Ibid: 68).

Sin embargo, no todas las libertades son básicas:

“La hipótesis es que la forma general de una lista semejante podría ser ideada con suficiente exactitud como para sostener esta concepción de la justicia. Por supuesto que las libertades que no estuviesen en la lista, por ejemplo, el derecho a poseer ciertos tipos de propiedad (por ejemplo, los medios de producción) y la libertad contractual, tal como es entendida por la doctrina del laissez-faire, no son básicas, y por tanto no están protegidas por la prioridad del primer principio” (Ibid: 69).

El segundo principio, por otro lado, tiene que ver con:

“… la distribución del ingreso y la riqueza y a formar organizaciones que hagan uso de las diferencias de autoridad y responsabilidad o cadenas de mando. Mientras que la distribución del ingreso y de las riquezas no necesita ser igual, tiene no obstante que ser ventajosa para todos, y al mismo tiempo los puestos de autoridad y mando tienen que ser accesibles a todos” (Ibid: 68).

Esto es muy importante porque para Rawls las desigualdades son justas solo cuando son “ventajosas para todos”.

La teoría de la justicia también se puede resumir de la siguiente manera:

“Todos los valores sociales —libertad y oportunidad, ingreso y riqueza, así como las bases del respeto a sí mismo— habrán de ser distribuidos igualitariamente a menos que una distribución desigual de alguno o de todos estos valores redunde en una ventaja para todos. La injusticia consistirá entonces, simplemente, en las desigualdades que no benefician a todos” (Ibid: 69).

Interpretaciones del segundo principio

¿Qué significa “ventajoso para todos”? Para no aplicar un concepto vago, es necesario definir esta problemática.

Solo podemos entender el segundo principio que propone Rawls, al comprender los siguientes elementos:

  1. Principio de eficiencia: “optimalidad de Pareto” aplicada a las instituciones, es decir, un esquema que beneficia a algunas personas (al menos una) sin empeorar a otras (al menos una). Es importante acotar que la eficiencia puede derivar en distribuciones injustas, mientras que los principios de la justicia buscan distribuciones justas. Por ejemplo: es eficiente que la clase A mejore su condición sin que las clases B y C empeoren, pero de todas maneras se abre una brecha importante entre las distintas clases, porque B y C se quedan “estancadas” mientras que A se “dispara” al cielo.
  2. Principio de diferencia: si se mejora la situación de una persona, la otra también se beneficia. Por ejemplo: cada quien nace en condiciones desiguales, unos nacen en la clase alta, otros en la clase baja. El principio de diferencia lo justifica solo “si la diferencia de expectativas funciona en beneficio del hombre representativo peor colocado, en este caso el obrero no calificado representativo. La desigualdad en las expectativas es permisible sólo si al reducirla se empeora aún más a la clase obrera” (Ibid: 83). Este principio se distingue del de eficiencia, porque la optimalidad de Pareto permite la mejora de un grupo siempre y cuando no empeore la condición de otro, mientras que el principio de diferencia indica que la mejora de un grupo tiene que necesariamente significar, no la igualdad absoluta, sino la mejora del resto.
    • Conexión en cadena: nos permite entender mejor el principio de diferencia. Si las desigualdades están “encadenadas”, el deber ser es que una ventaja a la clase A, mejore a la clase C, elevando a su vez a la clase B. “Por ejemplo,
      si las mayores expectativas para los empresarios benefician a los trabajadores
      no calificados, también beneficiarán a los semicalificados” (Ibid: 85). En pocas palabras: si A sube, B y C también suben.
  3. Igualdad como posibilidades abiertas a las capacidades: “los empleos son asequibles para quienes tengan la capacidad y el deseo de obtenerlos…” (Ibid: 73); “no se hace ningún esfuerzo por conservar una igualdad o una semejanza de las condiciones sociales excepto en la medida en que esto sea necesario para conservar las instituciones de fondo requeridas, la distribución inicial de activos para cualquier periodo está fuertemente influida por contingencias naturales y sociales. La distribución existente del ingreso y de la riqueza, por ejemplo, es el efecto acumulativo de distribuciones previas de los activos naturales —esto es, talentos y capacidades naturales—, en la medida en que éstos hayan sido o no desarrollados y su uso favorecido u obstaculizado en el transcurso del tiempo por circunstancias sociales y contingencias fortuitas tales como accidentes y buena suerte” (Ibid: 78). Es decir: los ricos y pobres compiten por los mismos empleos disponibles; en ese sentido, hay igualdad porque todos pueden aplicar al mismo trabajo, pero a este principio no le importa que el rico haya tenido una ventaja de nacimiento que nada tiene que ver con el mérito del individuo, ventaja que resulta en una mejor vivienda, salud, educación, preparación, influencia, etc., y nada se hace para resolver esta desventaja.
  4. Justa igualdad de oportunidades: “La idea aquí es que los puestos han de ser abiertos no sólo en un sentido formal, sino haciendo que todos tengan una oportunidad equitativa de obtenerlos. No está del todo claro qué quiere decir esto, pero podríamos decir que quienes tengan capacidades y habilidades similares deberían tener perspectivas de vida similares. Más específicamente: suponiendo que existe una distribución de las capacidades naturales, aquellos que están en el mismo nivel de capacidades y habilidades y tienen la misma disposición para usarlas, deberían tener las mismas perspectivas de éxito, cualquiera que su posición inicial en el sistema social. En todos los sectores de la sociedad debería haber, en términos generales, las mismas perspectivas de cultura y de éxito para todos los que se encuentran igualmente motivados y dotados. Las expectativas de aquellos que tengan las mismas capacidades y aspiraciones no deberían verse afectadas por sus clases sociales. La interpretación liberal de los dos principios intenta, pues, mitigar la influencia de las contingencias sociales y de la fortuna natural sobre las porciones distribuidas. Para alcanzar este fin es necesario imponer nuevas condiciones estructurales al sistema social. Los arreglos del libre mercado deben tener lugar dentro de un marco de instituciones políticas y jurídicas que regulen las tendencias generales de los sucesos económicos y conserven las condiciones sociales necesarias para la justa igualdad de oportunidades. Los elementos de este marco son bastante familiares, aunque quizá valiera la pena recordar la importancia que tiene impedir la acumulación excesiva de propiedades y de riqueza y mantener la igualdad de oportunidades educativas para todos. Las probabilidades de adquirir los conocimientos y las técnicas culturales no deberían depender de la posición de clase; asimismo, el sistema escolar sea público o privado, debería ser planeado para derribar las barreras de clase” (Ibid: 78-79). Es decir: hay un esfuerzo por mitigar las desventajas de nacimiento entre ricos y pobres, como por ejemplo: educación, salud, vivienda, etc., de manera que todos tengan verdaderamente las mismas oportunidades de surgir.

En base a estos elementos, el segundo principio de la justicia de Rawls aspira a la “igualdad democrática” que yo llamaré “igualdad rawlsiana”.

Como evidencia el siguiente cuadro, la fórmula de la “igualdad rawlsiana” es: igualdad de oportunidades+principio de diferencia=igualdad rawlsiana.

(Fuente: Rawls, 1995: 72)

Resumen de los dos principios de la justicia 

  1. Libertades básicas: “libertad política (el derecho a votar y a ser elegible para ocupar puestos públicos) y la libertad de expresión y de reunión; la libertad de conciencia y de pensamiento; la libertad de la persona que incluye la libertad frente a la opresión psicológica, la agresión física y el desmembramiento (integridad de la persona); el derecho a la propiedad personal y la libertad respecto al arresto y detención arbitrarios, tal y como está definida por el concepto de estado de derecho” (Ibid: 68).
  2. Igualdad rawlsiana: igualdad de oportunidades+principio de diferencia.

Referencias

Rawls, J. (1995). Teoría de la Justicia. Traducción de María Dolores González. Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press.

 

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