La “Apología de Sócrates” por Platón fundamental para el Derecho

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El diálogo socrático “Apología de Sócrates” escrito por Platón nos presenta el momento histórico del juicio a Sócrates y su posterior condena a muerte.

Estas no fueron sus palabras exactas, pero esta obra es una ventana al hecho y a su pensamiento.

También es importante que no fuera el mismo Sócrates quien escribiera un ensayo, tratado, o discurso, sino que va a ser Platón quien en sus escritos nos brinde su mejor representación, superando las concepciones atribuidas a otros autores como Aristófanes, quien satiriza a Sócrates.

Argumento:

  1. La acusación en contra de Sócrates se puede resumir de la siguiente manera: es culpable de estudiar las cosas del cielo y de la tierra, convierte el argumento débil en uno fuerte, no cree en los dioses atenienses, y le enseña esto a los demás, corrompiendo a los jóvenes como resultado.
  2. El filósofo empieza su discurso haciendo énfasis en que la retórica no es su fuerte, mucho menos comparado con la manera en que los sofistas y los poetas embellecen sus argumentos, a pesar de que “maquillarlos” no significa decir la verdad. Por ende dirá, sin filtros, toda la verdad que le venga a la cabeza por medio de su intuición.
  3. Es la primera vez que Sócrates asiste a un juicio en una corte, a pesar de que tiene 70 años. Esto indica que desconoce la dinámica y la manera de hablar en ese escenario.
  4. Reclama que el jurado fue persuadido previa y maliciosamente, por supuestos “comediantes” (referencia a Aristófanes) quienes no se encuentran en la audiencia, por lo que no puede interrogarlos para llegar al fondo del asunto. Lo difícil entonces será sacarle a la audiencia, en muy poco tiempo, la impresión que estos líderes de opinión le han inculcado a través del tiempo.
  5. Dice que su sabiduría no es arrogante, sino humana, no más que eso y quien diga otra cosa miente. Un amigo de su juventud fue al Oráculo de Delfos y le preguntó si existe un hombre más sabio que Sócrates. La respuesta fue negativa. Como consecuencia, Sócrates indagó: ¿qué quiso decir el dios? ¿Cuál es su acertijo? ¿Si no me considero una persona sabia, por qué dice que soy el más sabio? Es ahí cuando el filósofo intensifica sus investigaciones, bajo la hipótesis de que encontraría a un hombre más sabio que él, lo cual le permitiría refutar los vaticinios del oráculo. Así comienza su interlocución con otros ciudadanos, pero el resultado fue lamentable: el problema no era tanto que Sócrates fuera más sabio, quizá nadie conocía algo importante, el problema era que las personas creían saberlo todo cuando no sabían nada, mientras que Sócrates no creía saber lo que en realidad no sabía, es decir: no se engañaba, partía del “no sé” para investigar el asunto en cuestión. Consecuentemente, aquellos con la reputación más elevada, terminaban siendo los más deficientes, mientras que los supuestos inferiores, sabían más.
  6. En base al punto anterior, una anécdota interesante: en sus indagaciones, Sócrates entrevistó a políticos, artesanos, poetas, entre otros grupos. Todos decepcionaron porque mientras mejor fuera el individuo en su especialidad, más arrogante era. El caso de los poetas nos brinda unos puntos para pensar y debatir: Sócrates asegura que los poetas no se fundamentan en el conocimiento para componer sus versos sino en el talento innato y la inspiración, como profetas quienes dicen muchas cosas sin entender lo que están diciendo, y por su fama, se creen que saben mucho de todo cuando en realidad saben poco.
  7. El filósofo concluye su investigación estableciendo que el oráculo quiso decir lo siguiente: los hombres como Sócrates son sabios porque parten de la idea de que no saben nada. Esto no quiere decir que el conocimiento es malo, lo que debemos entender es la posición con que Sócrates se acerca al mundo: “no sé, voy a investigarlo”; lo cual representa una actitud mucho más asertiva que: “lo sé, no es necesario investigar”.
  8. Otra parte importante de su defensa es aclarar que si los jóvenes lo siguen, lo hacen porque quieren, es decir, ejercen  su libre albedrío, nadie los obliga, disfrutan verlo cuestionar a los demás e intentan hacer lo mismo, precisamente porque encuentran a muchos hombres que creen saber algo cuando saben poco o nada. Como a nadie le gusta que le digan “ignorante”, todos los entrevistados se enfadan, no con su falta de conocimiento, sino con Sócrates. Y, así, dicen que Sócrates corrompe la juventud. Irónicamente, si les preguntas cómo llegaron a la conclusión de que Sócrates corrompe la juventud, no saben responderte qué enseña Sócrates, es decir, no saben comprobar sus acusaciones, sino que se limitan a emplear percepciones ambiguas, en vez de investigar.
  9. Sócrates dice que si su crimen no fue deliberado, la manera correcta de proceder es instruyéndolo sobre el comportamiento que la sociedad espera de él, no llevándolo a la corte, la cual es el espacio de quienes requieren ser castigados, no educados.
  10. Un hombre no debe dejar de tomar acciones que considera correctas, solo porque su vida está en riesgo. Una buena persona hace lo correcto incluso cuando enfrenta el peligro. Así es como Sócrates defiende sus acciones: la filosofía, para él, representa el camino correcto, pues es el camino al conocimiento, por ende, incluso si lo liberan bajo la condición de que abandone sus indagaciones, él no lo hará. Mi interpretación es que Sócrates está dispuesto a romper la ley porque considera que sus acciones son correctas mientras que el Estado actúa incorrectamente. Sin embargo, es importante acotar que tampoco le huye a la ley sino que la afronta, es decir, está dispuesto a arriesgar su vida para lograr el cambio, entendiendo y aceptando las posibles consecuencias. Además, la manera en que arriesga su vida es razonable: no está ejecutando una acción kamikaze para matar a decenas de personas, simplemente está inquiriendo filosóficamente para descubrir el conocimiento y la virtud. De cualquier manera, la duda queda, por eso es que se han escrito cuantiosos ensayos sobre este asunto (leer más en el post sobre Critón).
  11. Sócrates dice que su servicio al dios es una bendición para la ciudad, por lo que la ciudad no debe maltratar el regalo que la deidad les envió. Además: si lo matan, no encontrarán a otro como él. ¿Por qué Sócrates dice que es un regalo de dios? Ciertamente no por ser rico. Su pobreza es su “testigo”. La riqueza no trae consigo la excelencia, sino que es la excelencia lo que trae la riqueza y todo lo bueno para la humanidad, individual o colectivamente. Por eso es que ha sacrificado su propio interés, para enseñar a los demás a preocuparse por la virtud. A pesar de dar estos consejos de forma privada y de intervenir en asuntos privados, nunca se ha lanzado a un cargo público. Confuso es que Sócrates diga que hay una voz que le dice lo que tiene que hacer. Pero, en fin, aquí también nos brinda una de las líneas más interesantes que colocaré en el siguiente punto.
  12. Un hombre que lucha por la justicia debe llevar una vida privada en vez de pública. Tal cosa se demuestra, no con palabras, sino con hechos. Este punto de Sócrates puede ser controversial pero yo lo entiendo así: en primer lugar, los ciudadanos deben pensar, investigar y criticar en base a su propia razón; también deben responsabilizarse por sus acciones; por último, si la sociedad es injusta, deben pararse firmes en contra de la injusticia. En conclusión: no solo los jueces defienden la justicia; la acción pública y la acción privada van de la mano.
  13. Sócrates promete no llorar ni patalear para que le den una sentencia positiva porque el jurado no está para hacer favores ni basar su sentencia en la lástima o el cariño sino en base a la ley.
  14. En los juicios de la antigua Atenas, el acusante recomendaba un castigo (en este caso, la pena de muerte) y el acusado recomendaba otro (en este caso, pagar una fianza). El jurado luego sentenciaba y condenaba, asignando el castigo que le pareciera más apropiado.
  15. Sócrates es condenado a muerte.
  16. Sócrates advierte que la audiencia se arrepentirá de dicha sentencia, pues quedará en la memoria que Atenas asesinó a un hombre sabio, cuya sabiduría consistía no en creerse sabio sino en buscar la virtud.
  17. Matar a un pensador no significa acabar con su espíritu: pronto más intelectuales los desafiarán.
  18. Nuestro objetivo no debe ser destruir al adversario sino mejorar uno mismo.

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