“Apocalípticos e Integrados” o “Cultura Popular Vs. Alta Cultura”

Apocalípticos e integrados

“Apocalípticos e Integrados” es un clasico de la literatura en comunicacion social. Umberto Eco analiza la cultura desde los medios masivos, para profundizar los debates entre cultura popular o de masas y la alta cultura.

El autor plantea esas dos posiciones del debate (“Apocalípticos e Integrados”) pero su intención es llevar a cabo un análisis que establezca fundamentos metodológicos y pedagógicos que permitan superar esas condiciones. Si queremos transformar la sociedad, hay que ver el fenómeno en toda su complejidad, porque lo contrario sería defender o atacar una sombra.

“Reprochamos precisamente a los que definimos como apocalípticos o como integrados el hecho de haber difundido igual cantidad de conceptos genéricos, ‘conceptos fetiche‘, y de haberlos utilizado como cabeza de turco en polémicas estériles o en operaciones mercantiles de las que diariamente todos nos nutrimos” – Umberto Eco.

Apocalípticos

“Si la cultura es un hecho aristocrático, cultivo celoso, asiduo y solitario de una interioridad refinada que se opone a la vulgaridad de la muchedumbre… la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es un contrasentido monstruoso. La cultura de masas es la anticultura. Y puesto que ésta nace en el momento en que la presencia de las masas en la vida social se convierte en el fenómeno más evidente de un contexto histórico, la ‘cultura de masas’ no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (último superviviente de la prehistoria, destinado a la extinción) no puede más que expresarse en términos de Apocalipsis” – Umberto Eco.

Además:

“Al tipo apocalíptico recalcitrante se deben algunos conceptos fetiche. Y los conceptos fetiche tienen la particularidad de obstaculizar el discurso, anquilosando el coloquio al convertirlo en un acto de reacción emotiva” – Umberto Eco.

Integrados

“En contraste tenemos la reacción optimista del integrado. Dado que la televisión, los periódicos, la radio, el cine, las historietas, la novela popular y el Reader’s Digest ponen hoy en día los bienes culturales a disposición de todos, haciendo amable y liviana la absorción de nociones y la recepción de información, estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural, en que se realiza finalmente a un nivel extenso, con el concurso de los mejores, la circulación de un arte y una cultura ‘popular’. Que esta cultura surja de lo bajo o sea confeccionada desde arriba para consumidores indefensos, es un problema que el integrado no se plantea. En parte es así porque, mientras los apocalípticos sobreviven precisamente elaborando teorías sobre la decadencia, los integrados raramente teorizan sino que prefieren actuar, producir, emitir cotidianamente sus mensajes a todos los niveles. El apocalipsis es una obsesión del dissenter, la integración es la realidad concreta de aquellos que no disienten. La imagen del apocalipsis surge de la lectura de textos sobre la cultura de masas; la imagen de la integración emerge de la lectura de textos de la cultura de masas… En tal caso, la fórmula ‘apocalípticos e integrados’ no plantearía la oposición de dos actitudes (y ambos términos no tendrían valor substantivo) sino la predicación de dos adjetivos complementarios, adaptables a los mismos productores de una crítica popular de la cultura popular” – Umberto Eco.

Conclusiones

A pesar de que el debate propuesto por Eco es interesante, también advierte sobre su posible valor de seducción.

Por eso es que hay que estar atentos a la polarización presentada por la batalla estéril entre “Apocalípticos e Integrados” cuando nuestra verdadera preocupación es generar conocimiento para el cambio social.

Por eso es que el diálogo debe ser constructivo y no destructivo. Y este debate puede llevar a profundas confusiones. 

Por ejemplo: el antónimo de “Integración” no es “Apocalipsis” sino “Desintegración”. Que no dé la impresión de que el “apocalíptico” va a salvar al mundo del “Apocalipsis”. La palabra “apocalíptico” suena mal, hasta que empieza a sonar bien: en la cabeza de estos personajes solo los “superhombres” salvarán a la humanidad, y el apocalíptico en su mente “cultivada” se cree un “superhombre”.

Sin embargo, el apocalíptico, con sus ansias aristocráticas, o con sus “guerras económicas”, puede conllevar a la desintegración, puede provocar que, en nombre de la “emancipación”, se destruyan las capacidades que nos dan autonomía. El apocalíptico se define mejor entonces en términos de “desintegración”.

El error del integrado, por otro lado, es nunca disentir. Cuando el integrado no es “crítico” se vuelve “utópico” y, en el paraíso, no puede haber más que perfección. Tal prejuicio conlleva a imponer políticas erróneas porque las mismas desde su origen han sido estudiadas unidimensionalmente en vez desde múltiples perspectivas.

Yo creo que el debate entre “Apocalípticos e Integrados” debería evolucionar. Preliminarmente, me limito a decir que podemos partir desde el “riesgo” de Ulrich Beck, las “redes” de Bruno Latour, o las “mediaciones” de Martín-Barbero, así como las teorías psicológicas descritas por Daniel Kahneman en su libro “Pensar Rápido, Pensar Despacio”. La idea es estimar las trampas cognitivas en la toma de decisiones, trampas que nos impiden anticipar el riesgo y que paradójicamente incentivan arar en suelo fértil para la incertidumbre, la parálisis, y la sumisión.

Así es como la dialéctica se vuelve dialéctica.

Existen alternativas: cultivemos nuestro jardín.

La idea es superar los conceptos fetiche que se contradicen y autodestruyen, para estimar los fenómenos en toda su complejidad.

Para lograrlo, hay que superar las condiciones de “Apocalípticos e Integrados”.

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