Latour: “Nunca Fuimos Modernos” ¿Qué Opinas?

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En “Nunca Fuimos Modernos”, Bruno Latour propone una nueva forma de analizar la actualidad que se desprende de paradigmas clásicos como la Ilustración, el criticismo, y el posmodernismo.

De entrada, el título de este ensayo es controversial: ¿qué significa que nunca hayamos sido modernos?

Imagínense decirle a un país en vías de desarrollo que supuestamente intenta superar una condición premoderna, que en realidad la humanidad nunca ha sido moderna.

¿Cómo repensar el choque entre “barbarismo” y “civilización” o la “cosecha” de un recurso para adentrarnos a la modernidad? 

Si nunca hemos sido modernos, ¿hacia dónde se supone que tenemos que ir? Hacia un mejor entendimiento de las grandes dicotomías.

Los dualismos siempre me parecieron informativos y sospechosos a la misma vez, porque, más allá del papel académico, la realidad tiene su propia manera de actuar.

La crítica de y a la modernidad a veces parece plantear un esquema confuso que no logra comprender mediaciones complejas, lo cual requiere un cambio en nuestra forma de pensar.

¿Qué significa ser moderno?

“Los críticos han desarrollado tres maneras distintas de hablar sobre nuestro mundo: naturalización, socialización y deconstrucción. Utilicemos a E.O. Wilson, Pierre Bourdieu, y Jacques Derrida (un poco injustamente) como figuras emblemáticas de estas tres perspectivas. Cuando el primero habla de fenómenos naturales, entonces las sociedades, los sujetos, y todas las formas del discurso se desvanecen. Cuando el segundo habla de los campos del poder, entonces la ciencia, la tecnología, los textos, y los contenidos de las actividades desaparecen. Cuando el tercero habla de los efectos de la verdad, entonces creer en la existencia real de neuronas cerebrales o de las relaciones de poder implicaría una inocencia enorme. Cada una de estas tres formas de criticismo es poderosa en sí misma pero es imposible combinarla con las otras dos. ¿Puede alguien imaginar un estudio que trate la capa de ozono  como algo simultáneamente naturalizado, socializado, y deconstruido? (…) Tal esquema de trabajo sería grotesco. Nuestra vida intelectual permanece reconocible mientras los epistemólogos, sociólogos y deconstruccionistas permanezcan separados, la crítica de cada grupo alimentando las debilidades de los otros dos. Podemos glorificar las ciencias, jugar a las relaciones de poder y burlarnos de la creencia en una realidad, pero no debemos mezclar estos tres ácidos cáusticos” (Latour, 1993: 5-6, traducción propia).

A partir de la Ilustración se plantea la superación de las condiciones oscurantistas que impedían la superación de la superstición y del barbarismo, para entrar en una condición civilizada, una condición moderna. Para lograrlo, la filosofía establece una dicotomía entre el sujeto y el objeto de estudio, lo cual conllevaría a la separación entre campos del saber, más específicamente a la división entre “naturaleza” y “sociedad”. Sin embargo, nunca hemos sido modernos porque no podemos separar a la naturaleza de la sociedad: la “purificación” de ambos campos requiere un trabajo de “traducción”.

Fuente: Latour, 1993: 11

“La hipótesis de este ensayo es que la palabra ‘moderno’ designa dos prácticas completamente diferentes que deben permanecer distintas si se espera sean efectivas, pero que recientemente se han empezado a confundir. El primer esquema, la ‘traducción’, crea mezclas entre formas de ser completamente nuevas, híbridos de la naturaleza y de la cultura. El segundo, la ‘purificación’, crea dos zonas ontológicas completamente diferentes: la de los seres humanos por un lado; la de lo no humano por el otro. Sin el primer esquema, las prácticas de la purificación no tendrían sentido ni fruición. Sin el segundo, el trabajo de traducción sería lento, limitado, o incluso abandonado. El primer esquema corresponde a lo que he llamado redes; el segundo a lo que he llamado la posición crítica moderna. El primero, por ejemplo, conectaría en una cadena continua la química de la atmósfera superior, las estrategias industriales y científicas, las preocupaciones de los jefes de Estado, las ansiedades de los ecologistas; la segunda establecería una partición entre el mundo natural que siempre ha existido, una sociedad con intereses y riesgos estables y predecibles, y un discurso que se mantiene independiente de tanto la referencia como la sociedad. Mientras consideremos estas dos prácticas de la traducción y purificación separadamente, somos verdaderamente modernos, es decir, nos suscribimos voluntariamente al proyecto crítico, a pesar de que ese proyecto se desarrolla únicamente a través de la proliferación de híbridos…” (Ibid: 10-11, traducción propia).

Todo esto conlleva a repensar los conceptos de lo premoderno, moderno y posmoderno, teniendo que conceptualizar una nueva dimensión que pretenda tomar las fortalezas y desechar las debilidades de cada paradigma.

No modernos

Para repensar la modernidad, Latour propone el siguiente esquema:

Fuente: Latour, 1993: 51

Como se puede ver, se mantiene la separación final entre naturaleza y sociedad sin prohibir su mediación. La “multiplicación de híbridos” en forma de “redes”  interconecta los polos en distintos nodos que debemos constatar para describir la realidad.

Casi objeto

El proceso de “traducción” y la “proliferación de híbridos” se puede narrar a través de las operaciones desencadenadas por los “casi objetos”, es decir, los actores humanos o no humanos cuyos hechos podemos describir antropológicamente para, a partir de ellos, entrelazar redes que más tarde nos permitirán comprender los órdenes naturales y sociales de un fenómeno determinado.

Concebir un “casi objeto” nos exige repensar las dicotomías “dualistas” y “dialécticas”.

“Los casi objetos están entre y por debajo de los dos polos, en el mismo lugar en que circundaron indefinidamente el dualismo y la dialéctica sin lograr concebirlos” (Ibid: 55, traducción propia).

La dialéctica, especialmente, parece girar y emplear acciones complejas que nos hacen ignorar los “casi objetos” de forma mucho más profunda que el dualismo.

El siguiente esquema permite visualizar cómo distintas metodologías obvian los “casi objetos” y conceptualiza el lugar de dichos “casi objetos” entre la naturaleza y la sociedad.

Fuente: Latour, 1993: 52

“El antropólogo debe posicionarse en el punto medio desde donde pueda seguir las atribuciones de propiedades humanas y no humanas… No se le permite utilizar la realidad externa para explicar la sociedad, o usar las relaciones de poder para argumentar las figuras de la realidad. Igualmente, se le prohíbe alternar entre el realismo natural y el sociológico utilizando ‘no solo’ la Naturaleza ‘sino también’ la Sociedad para mantener las dos asimetrías naturales incluso mientras se mantienen las debilidades de una y de la otra” (Ibid: 96, traducción propia).

Fuente: Latour, 1993: 95

Lo que esto quiere decir es que el antropólogo debe comenzar con los actores y las mediaciones que más tarde le permitirán explicar la interrelación entre la naturaleza y la sociedad. Además, no se ve estos “casi objetos” a través de conceptos preestablecidos sino que se describen sus acciones para luego problematizar.

Fuente: Latour, 1993: 58

Latour plantea buscar las acciones de los “casi objetos” que al proliferarse vuelven más compleja la distinción entre ambos polos. La idea no es abandonar los polos por completo sino explicar cómo esas redes centrales crean nodos y enlaces que eventualmente los conforman.

Esta perspectiva también nos permite superar el etnocentrismo, es decir, la división entre “Nosotros los Ociddentales” y Ellos los Demás”, lo que quiere decir: “Nosotros los Modernos” y “Ellos los Premodernos”.

Fuente: Latour, 1993: 99

Se determinan dos grandes dicotomías: la primera, entre Naturaleza y Sociedad, la segunda entre Ellos y Nosotros.

Fuente: Latour, 1993: 102

Los premodernos no siguen las técnicas científicas que les permiten dividir a la naturaleza de la sociedad y mezclan todo de manera errónea.

Pero los modernos piensan paradójica y contradictoriamente, creyendo que están construyendo redes a través de campos separados, cuando en realidad mezclan los campos constantemente sin emplear una técnica que les permita mediarlos de manera efectiva. Los modernos, además, verán la perspectiva de Latour como una forma de desordenar la dicotomía moderna, en vez de estructurarla de manera efectiva, mientras que Latour provee un esquema que mantiene la separación final entre naturaleza y sociedad, pero antes de poder diferenciarlas, tendremos que comenzar describiendo los “casi objetos” presentes en el medio de ambos campos así como las acciones que ejercen, describiendo redes, trabajos de traducción, procesos de hibridación que luego nos permitirán explicar el orden naturaleza-sociedad.

El “relativismo” conceptualizado por Latour, nos permite comprender antropológicamente que los procesos cambian según el espacio-tiempo, que presenciamos sociedadES y naturalezAS, que debemos superar el etnocentrismo y el choque cultural para comprender dinámicas diferentes describiendo la particularidad de los casos, en pocas palabras, que no todas las redes son iguales y homogéneas, sino que cada una se constituye de manera distinta.

Es por esto, que si queremos escribir la ley suprema de la modernidad, su “Constitución”, y diferenciarla de la Nueva Constitución, la nueva ley, el nuevo contrato que propone Latour, lo podemos hacer de la siguiente manera:

Conclusiones

Siempre me ha parecido confuso cómo se quiere separar todo y a la vez mezclarlo, resultando en una contradicción que conlleva a separar y mezclar mal.

Pensemos, por ejemplo, en la dicotomía popular entre lo económico-social.

Hay quienes se dicen defensores de las “políticas económicas” y hay quienes dicen que su prioridad son las “políticas sociales”.

A mi modo de ver, esto es un gran error porque lo económico y lo social están interrelacionados y son dependientes, no podemos simplemente separarlos como campos “en lucha”.

Para que “el pueblo” pueda prosperar necesitamos de políticas económicas que permitan aumentar el PIB, pero para que la economía tenga estabilidad y crezca efectivamente, ese PIB requiere de políticas sociales que le den capacidades a la ciudadanía. ¿Cómo mejorar la economía si no se tiene una cultura emprendedora? ¿Cómo mejorar en lo social si no se aplican políticas económicas coherentes? ¿Cómo concebir el aumento del PIB como suficiente si la pobreza también aumenta? ¿Cómo no decir que la economía se autodestruye cuando se destruye lo social y viceversa? ¿Cómo sacar la política o las fuerzas de la naturaleza de toda esta ecuación? ¿Acaso unas instituciones gubernamentales confiables y transparentes no contribuyen? ¿Acaso el cambio climático no es un factor?

Puedo continuar, pero creo que el concepto se entiende: separamos todo, pero lo separamos mal, resultando que en la práctica mezclemos todo, pero lo mezclemos mal.

No sé si Latour logra estabilizar la confusión muchas veces generada desde la propia academia, pero al menos su perspectiva nos obliga a plantear preguntas y brindar respuestas de una forma mucho más sofisticada.

Referencia:

Latour, B. (1993). We have never been modern. Massachusetts: Harvard University Press.

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