Individualismo y tiranía de la mayoría según Tocqueville

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Esta es la quinta parte de una serie de artículos sobre “De la Democracia en América” por Alexis de Tocqueville. Aquí repasamos los conceptos de individualismo, interés personal bien entendido, filosofía personal, y tiranía de la mayoría.

Individualismo e interés personal bien entendido

La igualdad hace que las personas confíen en su razonamiento, fuerza, poder,  e independencia, pero también los lleva a enfocarse demasiado en sí mismos y engendra el “individualismo”.

Tocqueville distingue el “individualismo” del “egoísmo”.

Define “egoísmo” como el amor desenfrenado por uno mismo, lo cual hace que las personas crean que el mundo gira a su alrededor y se pongan por delante de cualquiera. Es una especie de instinto ciego que intoxica a la virtud.

El “individualismo”, por otro lado, es un sentimiento mediante el cual, cada miembro de la comunidad se distancia del resto y se retrae, junto con su familia y amigos, de manera que ese círculo particular abandona al resto de la sociedad. Esta idea no proviene del instinto, sino de un juicio errado, que acaba con las virtudes públicas para luego destruirlas.

Donde el “egoísmo” es un vicio antiguo, el “individualismo” parece ser una condición tan democrática como la condición de igualdad. No por ser un sentimiento “nuevo” característico de las democracias liberales, quiere decir que sea “bueno”. Pongamos énfasis en que proviene de un “juicio errado” y que puede derivar en el egoísmo.

Al déspota le gusta el individualismo porque si sus súbditos no lo aman, tampoco se ayudan entre sí, por lo que son incapaces de organizarse para gobernar el Estado.

Donde la libertad produce la animosidad privada, el despotismo da lugar a la indiferencia general.

Por eso es que los legisladores estadounidenses, pensaron que sería una buena idea llevar la vida política a cada porción del territorio con instituciones libres, para así multiplicar las oportunidades que tienen los ciudadanos para actuar de manera combinada. Esta idea funcionó, provocando que los líderes electos se encargaran de asuntos generales, mientras que cada localidad podía involucrarse en asuntos palpables que requerían de cooperación.

Al principio, es difícil que las personas vean las ventajas de la cooperación, pero cuando la practican se dan cuenta cómo beneficia sus intereses personales. Lo público y lo privado no están separados.

Las instituciones libres te hacen recordar que vives en sociedad. Los ciudadanos primero acuden a ellas por necesidad, luego por elección. El instinto se convierte en hábito.

Tocqueville creía que los peligros de la igualdad que conllevan al individualismo y egoísmo, podían ser combatidos con tales instituciones libres que fomentaran la cooperación.

Ese es el fundamento del “interés personal bien entendido”: la virtud me ilumina y me hace entender que asistir a los demás también me beneficia.

En las aristocracias, a las élites les gusta hablar de virtud, pero solo discuten entre ellos y esconden sus secretos.

En las democracias se debe fomentar el sacrificio, la moderación, el respeto, y la virtud con la educación. Ese punto me recuerda a Montesquieu.

Filosofía personal

Cuando Tocqueville viajó a EEUU, se dio cuenta que sus ciudadanos no siguen un sistema filosófico particular. Sin embargo, sus costumbres engendraban un sistema filosófico propio:

  • Evadir las cadenas entre sistema y hábito, en las opiniones de clases, reglas familiares, y prejuicios nacionales; aceptar la tradición solo de manera informativa y a los hechos existentes como lecciones que se pueden utilizar para mejorar; buscar las causas por uno y en uno mismo; enfocarse en los resultados sin amarrarse a los medios y aspirar a la calidad a través de la forma.

Al darse cuenta que se pueden resolver problemas difíciles de forma práctica, concluyen que todo en el mundo se puede explicar y que nada excede al entendimiento.

Debido a que deben confiar en sus propias capacidades, desglosan el objeto de estudio con atención al detalle y remueven los obstáculos que los alejan de la verdad.

En resumen: los estadounidenses encuentran su método filosófico el “know-how” y el “pragmatismo”.

Además, nos dice que si distinguimos el conocimiento en: principios teóricos, teoría basada en resultados prácticos, y métodos de ejecución, los estadounidenses se enfocan en las teorías basadas en resultados prácticos y en sus métodos de ejecución.

Según Tocqueville, la desigualdad pareciera resultar en la búsqueda de verdades abstractas, mientras que la igualdad requiere de resultados prácticos.

Esto ayuda a que las personas innoven y eviten el estancamiento. Tocqueville contrasta sus argumentos con los chinos de aquella época, quienes seguían a sus antepasados tan de cerca que incluso olvidaban las razones por las que esos principios existían y utilizaban sus fórmulas sin cuestionar su procedencia ni su significado. Como resultado, perdían el poder de cambiar y no podían mejorar.

Tiranía de la mayoría

Tocqueville veía como peligroso que el gobierno democrático viviera tantos tumultos, a diferencia de una monarquía, la cual encuentra su poder en su estabilidad.

Cada vez que se acerca una elección, el presidente y la nación se enfocan en esa elección. Este es el vicio del sistema electoral: la inestabilidad en sus políticas de Estado internas y externas.

Las elecciones hacen que el presidente abandone, hasta cierto punto, las políticas públicas y que en vez de guiar al pueblo, cumpla todos sus caprichos.

Por lo tanto, un peligro de la democracia es subordinar la autoridad a los deseos de la mayoría. La reelección de los oficiales electos, fomenta este vicio.

A primera vista, la reelección debería existir porque permite consistencia, pero la intriga y la corrupción que incentiva, conlleva a que se pretendan utilizar los recursos del Estado para el beneficio del gobierno de turno.

Si tienes a un presidente que no lidera porque tiene que cumplir los caprichos de la mayoría, entonces sus talentos son inútiles y el país depende de la razón del pueblo.

Si un déspota abusa de su poder para destruir a sus adversarios, ¿quién dice que la mayoría no puede hacer lo mismo? Por ejemplo: el blanco estadounidense utilizaba su poder para oprimir a las minorías negras.

Tocqueville no creía en un gobierno mixto porque algún principio por lo general está por encima de los demás. Inglaterra, por ejemplo, es una aristocracia con principios democráticos subordinados. Si se divide un principio a la mitad, alguno se impondrá eventualmente a través de la revolución. Por lo tanto, un poder debe predominar por sobre los demás, pero con las contrabalanzas al poder que exige la libertad.

En el caso de las democracias, el poder que supera a todos los demás, es el de la mayoría. Ese poder, además, muchas veces no presenta las contrabalanzas necesarias, por lo que puede conllevar a una tiranía.

La tiranía, además, puede ser perfectamente legal.

La tiranía de la mayoría es tan omnipotente que puede destruir la libertad.

Un autor, por ejemplo, puede escribir lo que quiera pero se arrepiente si insulta a la mayoría. Incluso si antes de publicar sus ideas creía que sus conciudadanos lo apoyarían, será atacado por sus oponentes y abandonado por quienes piensan como él. Los autores, por ende, prefieren adular a sus conciudadanos.

La mayoría desarrolla el hábito de aplaudirse a sí misma, encontrando algunas verdades solo por parte de terceros o de la experiencia.

Tanto Hamilton como Jefferson, advertían sobre el peligro de la tiranía impuesta por una secta o sector de la sociedad.

Las contrabalanzas a la tiranía de la mayoría son:

  • Evitar la administración central (un presidente que gestiona lo que le corresponde a una alcaldía, por ejemplo), reconociendo que a veces es necesario un gobierno central (como un presidente que se encarga de objetivos generales).
  • Combatir la administración central (la cual puede ser secuestrada tanto por un déspota como por la mayoría) con la descentralización en forma de municipios y asociaciones que empoderen a los ciudadanos e inculquen la cooperación en cada comunidad.
  • Los profesionales en derecho, como ciudadanos que conocen y piensan las leyes, como punto medio entre las clases altas y bajas, son importantes para guiar a la nación. A los abogados les interesa el orden público y la legalidad de las instituciones. El poder conferido a las cortes de justicia, representan la influencia que pueden tener los estudiantes de derecho.
  • Los jurados: como institución política, le enseñan al pueblo que también es su deber conocer y pensar las leyes, razonar sobre la justicia, y participar en la vida política del país. Cualquier ciudadano puede ser elegido para formar parte de un jurado. Los estadounidenses enseñan la libertad a través de la práctica, educando a los niños sobre la participación en estas instituciones.

Los estadounidenses mantienen la república democrática gracias a:

  • Su posición geográfica (la Revolución Francesa, tuvo que enfrentarse a toda Europa, mientras que la estadounidense estaba del otro lado del charco).
  • Las leyes.
  • El gobierno federal, que les permite combinar el poder de un imperio con la seguridad de un Estado pequeño.
  • Las instituciones municipales.
  • El poder judicial.
  • La separación entre iglesia y Estado.
  • Las costumbres de su gente (punto crucial para entender la filosofía de Tocqueville).

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  1. Libro: “De la Libertad” por John Stuart Mill (1859) – richardtahan
  2. Libro: “Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community” por Robert Putnam (2000) – richardtahan

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