Fundamentos de la democracia de Tocqueville: Igualdad, Libertad, Participación

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Esta es la cuarta parte de una serie de artículos sobre “De la Democracia en América” por Alexis de Tocqueville. Aquí repasamos teorías sobre la igualdad de condiciones, libertad, libertad de prensa, participación cívica y política, y su influencia sobre las artes.

Igualdad de condiciones y libertad

Los dos fundamentos de la democracia son: la igualdad de condiciones y la libertad.

Las leyes democráticas tienden a favorecer al mayor número de personas posible. Una aristocracia, al contrario, concentra la riqueza y el poder en las manos de una minoría.

La igualdad de condiciones se basa en que nadie pueda abusar de su poder. Los ciudadanos, por ende, serán libres mientras más iguales sean y viceversa.

Sin embargo, ambos elementos no se deben confundir. Las personas pueden preferir la igualdad a la libertad. El pueblo clama por la igualdad en libertad, pero si no la obtienen, pueden seguir clamando por la igualdad en la esclavitud.

Sobrevivirán la pobreza y el barbarismo, pero no soportarán una aristocracia..

Por eso es que la energía de un pueblo democrático tiende hacia la prosperidad: buscan ventajas que no poseen, son inconformes, quieren las gratificaciones que la igualdad de condiciones les hace creer están a su alcance, a pesar de que su poder es limitado y eventualmente se dan cuenta que no pueden materializar cualquier deseo que tengan.

Por eso es que la libertad es vista como el mejor instrumento para asegurar, de forma estable, el patrimonio que se van ganando a lo largo de su vida, por más pequeño que sea.

Pero no pensemos que la democracia por sí sola trae la igualdad de condiciones, pues existen fenómenos sociales que tienden hacia la aristocracia. La revolución industrial es un buen ejemplo de ello porque para poder gestionar una fábrica hace falta tener las riquezas necesarias.

El obrero mejora, pero el ser humano se degrada. Alguien que se la pasa toda su vida especializándose en maniobrar una máquina, pierde la oportunidad de capacitarse para convertirse en un gerente. En medio del movimiento, se estanca. El obrero entonces se vuelve más dependiente de los ricos y de los poderosos, quienes tienen el capital necesario para emprender y educarse.

La aristocracia, por ende, puede existir en una democracia, aunque de forma distinta: no son una nobleza cohesionada sino que cada miembro tiende a su beneficio. Esta aristocracia, a su vez, utiliza al obrero y después lo abandona a la caridad del público. Entre el obrero y el maestro, existe una relación, pero no una asociación.

Vemos entonces distintas maneras en que la libertad depende de la igualdad, al mismo tiempo que el despotismo se apoya en ella.

 

Libertad de prensa

Cuando cada ciudadano tiene el derecho de participar en los asuntos del Estado, cada ciudadano debe tener la capacidad de analizar distintas opiniones y hechos.

La libertad de prensa, como consecuencia, se convierte en un factor indispensable para la libertad aunque es igualmente incompatible con el orden público.

Sin embargo, para obtener los beneficios de la libertad de prensa, es necesario aceptar que va a traer consecuencias negativas. Querer tener libertad de prensa sin sus aspectos negativos, es una ilusión.

Entre los males se incluyen los interminables anuncios publicitarios y la trivialidad de los contenidos.

Los EEUU, al declarar la soberanía del pueblo, la aplicaban consistentemente, por lo que nunca le exigían una licencia ni ciertos contenidos a los editores. Por eso es que se iniciaron muchos periódicos y publicaciones de todo tipo. Desde aquel entonces se convierte en un principio que para neutralizar los efectos de publicaciones particulares, era mejor multiplicarlas indefinidamente. En Europa, ocurría lo contrario: se creía que había que concentrar la autoridad de la prensa en pocas manos para controlar el mensaje.

Donde los periodistas franceses debatían con elocuencia y de manera violenta, los estadounidenses apelaban a las pasiones del pueblo y abandonaban las ciencias políticas para investigar aspectos personales y privados que demostraran las debilidades de ciertas personalidades.

La prensa, por ende, tiene el poder de afectar la opinión pública y mantener a los políticos honestos.

La prensa puede guiar la manera en que el pueblo se asocia políticamente.

Al ciudadano estadounidense se le enseña desde muy pequeño a confiar en sus propias capacidades para salir adelante. Por eso es que tiende a desconfiar de la autoridad social, aunque eventualmente requiere de su ayuda para llevar a cabo una acción. Desde ese punto de vista, las asociaciones sirven para promover el orden público, el comercio, la industria, la moral, y la religión. Consecuentemente, la asociación, también afecta la opinión y ésta a su vez alimenta su capacidad de acción e influencia, siendo su máxima expresión la de los oficiales electos en cargos públicos.
La asociación entonces es posible gracias a la opinión que une a ciertos individuos, quienes forman pequeñas organizaciones o facciones, para finalmente constituir un gobierno propio.

En pocas palabras: muchas opiniones moldean muchas sectas, que deben convivir en base a sus diferencias.

La libertad de asociación es el principio que le permite a esas sectas vivir juntas, debatiendo en vez de matándose.

El derecho a la asociación es tan importante como el derecho a la libertad personal.

Si ciertos países temen la libertad de asociación por el miedo a las revoluciones que se pueden suscitar, deben recordar que, en un régimen democrático, el sufragio universal disminuye esas tendencias porque debes ganarte el favor de la gente. El asunto es que si tu objetivo es pelear en vez de debatir, optarás por un estilo de vida militar en vez de uno cívico.

Por eso es que la gente debe entender el beneficio de la asociación. Un periódico puede hacer esto sin distraerte de tus asuntos privados.

Por eso es que la cantidad de medios de comunicación aumentan a medida que la gente quiera asociarse y conectarse.

 

Participación cívica y política

El patriotismo puede salvar a un Estado en circunstancias críticas, pero no impedirá que una nación caiga en tiempos de paz. Es decir, el patriotismo es insuficiente para forjar y salvaguardar la prosperidad de un país.

El ciudadano debe comprender que la prosperidad del Estado, le beneficia y que las leyes le autorizan a contribuir a dicha prosperidad.

La manera más poderosa de interesar al pueblo a preocuparse del bienestar del Estado en general, es permitirle formar parte del gobierno.

Por eso es que los derechos cívicos son inseparables de los políticos.

Si la gente se limita a desempeñarse en lo cívico creerán, de manera errónea, que pueden lograr cualquier cosa por sí mismos. Pero es cuando se asocian políticamente que se dan cuenta que necesitan a los demás. La asociación política es la escuela de la cooperación porque es ahí donde uno se da cuenta cómo distintas sectas o facciones con opiniones opuestas se ponen de acuerdo: se reúnen las multitudes, conversan, debaten, se escuchan, e intentan llegar a acuerdos. Consecuentemente: si destruyes la asociación política, dañas la asociación cívica.

Debido a que el estadounidense puede participar en cualquier cosa que se haga en su país, se siente obligado a defenderlo.

Los derechos son tan importantes como las virtudes: no existen grandes individuos sin virtud, ni grandes naciones sin derechos. La mejor manera de inculcar esos derechos, es promover que los miembros de una comunidad participen en el ejercicio de los mismos. La idea es que la gente respete los derechos de los demás para que los demás respeten los suyos.

Donde el despotismo se puede adjudicar el orden público e incluso apoyar ciertos derechos, la libertad debe aprenderse a través de la asociación cívica y política.

Los estadounidenses desarrollan hábitos favorables a la libertad, asociándose para llevar a cabo proyectos comerciales, religiosos, morales, serios, e inútiles. Algunas actividades pueden ser: construir posadas o iglesias, distribuir libros, y fundar hospitales, prisiones, o colegios.

Una aristocracia es diferente porque una aristocracia simplemente depende de los ricos y poderosos para actuar. En una democracia, la igualdad de condiciones y la independencia de cada ciudadano, le exigen asociarse con otros para llevar a cabo sus objetivos. Si no se ayudan voluntariamente, quedan incapacitados.

Tocqueville entiende que la asociación es difícil pero necesaria: el gobierno no se puede encargar de todo y el individuo no puede lograr nada por sí solo. Mientras el gobierno más pretenda encargarse de lo que le toca al individuo en su comunidad, no gestionará eficientemente los pequeños detalles ni inculcará el hábito de la cooperación.

Por eso es que en las democracias la ciencia más importante es la ciencia de la asociación.

 

Influencia sobre las artes

La igualdad de condiciones que fundamenta el espíritu democrático, hace que las riquezas estén mejor distribuidas y, por lo tanto, el gusto por lo útil supere a la vanidad y al amor por la belleza.

Esto quiere decir que las naciones democráticas prefieren hacer la vida más fácil que decorarla. Incluso lo bello tiene que ser útil.

En las aristocracias, las artes producen pocas obras y el énfasis está en la calidad.

En las democracias, los oficios son accesibles para todos, por lo que los trabajadores buscan hacer la mayor cantidad de dinero posible. La voluntad del consumidor es todo lo que importa, pero ahora el consumidor no es solamente el rico sino que viene de distintos contextos socioculturales.

En las democracias se quiere producir para todos esos grupos y por eso es que se inventan métodos para trabajar más rápido y barato. Consecuentemente, los gustos tienden a la mediocridad.

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