Los orígenes de la desigualdad según Rousseau

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Reseña del “Discurso sobre el Origen de la Desigualdad entre los Hombres” por Jean-Jacques Rousseau.

Esta es una de las obras más influyentes de la Ilustración, por lo que su lectura y análisis es elemental para entender la progresividad de la filosofía universal.

“El conocimiento del hombre me parece el más útil y el menos adelantado de todos los conocimientos humanos… ¿cómo conocer el origen de la desigualdad entre los hombres si no se empieza por conocer a los hombres mismos?” (Rousseau, trad. Pumarega, 1923: 9).

OK…

“El alma humana, modificada en el seno de la sociedad por mil causas que renacen sin cesar, por la adquisición de una multitud de conocimientos y de errores, por las transformaciones ocurridas en la constitución de los cuerpos y por el continuo choque de las pasiones, ha cambiado, por así decir, de apariencia, hasta el punto de que apenas puede ser reconocida, y no se encuentra ya, en lugar de un ser obrando siempre conforme a principios ciertos e invariables, en lugar de la celestial y majestuosa simplicidad de que su Autor la había dotado, sino el disforme contraste de la pasión que cree razonar y del entendimiento en delirio” (Ibidem).

Empiezas a perderme cuando hablas de una esencia “celestial” que nos otorgó un “autor”. ¿Podemos separar esa interpretación religiosa del análisis? No creo que Rousseau fuera capaz de quitarse sus gafas religiosas. Eso forma parte de su encuadre moral. Rousseau ve lo primitivo como la manifestación de la naturaleza del hombre. El alma no puede estar más cerca de la perfección y, sin embargo, algo la corrompe: la sociedad, con todos sus conocimientos y errores.

“Pero lo más cruel aún es que todos los progresos de la especie humana le alejan sin cesar del estado primitivo; cuantos más conocimientos nuevos acumulamos, más nos privamos de los medios de adquirir el más importante de todos, y es, en cierto sentido, a causa de estudiar al hombre por lo que nos hemos colocado en la imposibilidad de conocerlo” (Ibidem).

¿Lo más cruel? ¿Es el ser humano en su estado primitivo lo más puro y bello? Quizá si crees que fuimos creados con un toque divino.

La hipótesis de Rousseau no consiste en un estudio “antropológico” sino en su interpretación de los hechos: “yo digo que esto fue y es así, por lo cual, los hechos no hablarán por sí sólos, sino que mi interpretración abstracta de los hechos va a encajar en una teoría lógica, manchando la investigación propuesta, para cumplir con un fin político”. ¿Y cuál puede ser ese fin político sino crear más confusión de la que ya hay?

“No piensen por esto mis lectores que me envanezco de haber visto lo que me parece, tan difícil de ver. Yo he comenzado algunos razonamientos, he aventurado algunas conjeturas, pero menos con la esperanza de resolver la cuestión que con la intención de aclararla y reducirla a su verdadero estado” (Ibidem).

Exactamente mi punto anterior. Hubiese sido más útil entonces que este ensayo se titulara: “Discurso sobre la necesidad que hay de desarrollar las ciencias que estudian a los seres humanos”.

“Empecemos, pues, por rechazar todos los hechos, dado que no se relacionan con la cuestión. No hay que tomar por verdades históricas las investigaciones que puedan emprenderse sobre este asunto, sino solamente por razonamientos hipotéticos y condicionales, más adecuados para esclarecer la naturaleza de las cosas que para demostrar su verdadero origen y parecidos a los que hacen a diario nuestros físicos sobre la formación del mundo” (Rousseau, trad. Pumarega, 1923: 14).

¿Rechacemos los hechos? ¿Hagamos conjeturas basadas en nada? ¿En serio a alguien le sorprende el auge del positivismo y cientificismo?

“Respecto de las enfermedades, no repetiré las vanas y falsas declamaciones de las personas de buena salud contra la medicina; pero preguntaré si se puede probar con alguna observación sólida que la vida media del hombre es más corta en aquel país donde ese arte se halla descuidado que donde es cultivado con más atención” (Ibid: 17).

Te recomiendo leer el informe de la Organización Mundial de la Salud del año 2000, el cual establece que una mejor salud depende de un mejor sistema de salud (con todas las complejidades que implica diseñar tal sistema). Irónicamente, Francia para entonces tenía el mejor sistema de salud.

“¿Cómo podría suceder así si nosotros nos procuramos más enfermedades que la medicina nos proporciona remedios?” (Ibidem).

Es decir: si no la ganas, la empatas. Si la medicina no sirve: “¡ajá! ¡No sirve! ¡Se los dije!”. Si la medicina sirve: “¡igual nosotros creamos más enfermedades que remedios!”. Un discurso en contra de, por ejemplo, las grasas trans., es necesario, pero de ahí a negar o sugerir que la medicina está sobrestimada…

“Con tan contadas causas de males, el hombre, en el estado natural, apenas tiene necesidad de remedio y menos de medicina. Algunos encuentran animales con grandes heridas perfectamente cicatrizadas, con huesos y aun miembros rotos curados sin más cirujano que la acción del tiempo, sin otro régimen que su vida ordinaria, y que no por no haber sido atormentados con incisiones, envenenados con drogas y extenuados con ayunos han dejado de quedar perfectamente curados” (Rousseau, trad. Pumarega, 1923: 17-18).

Pasteur se está revolcando en su tumba…

“Así ocurre con el hombre mismo: al convertirse en sociable y esclavo, vuélvese débil, temeroso, rastrero, y su vida blanda y afeminado acaba de enervar a la vez su valor y su fuerza” (Ibid: 18).

A causa de un mejor argumento, aplicar la homofobia…

“El primero que se hizo vestidos o construyó un alojamiento diose con ello cosas poco necesarias, puesto que hasta entonces se había pasado sin ellas, y no se comprende por qué no hubiera podido soportar siendo hombre el género de vida que llevaba desde su infancia” (Ibidem).

O quizá se hizo un abrigo y construyó una casa para no morir de frío.

“¿Por qué sólo el hombre es susceptible de convertirse en imbécil? ¿No es porque vuelve así a su estado primitivo y porque, en tanto la bestia, que nada ha adquirido y que nada tiene que perder, permanece siempre con su instinto, el hombre, perdiendo por la vejez o por otros accidentes todo lo que su perfectibilidad lo ha proporcionado, cae más bajo que el animal mismo?” (Ibid: 19).

Es decir, debido a que podemos mejorar, también podemos empeorar. La cuestión está en que para Rousseau, la “mejora” significa regresar al estado “primitivo” en vez de aproximarnos a la “modernidad”. Esta es una manera simple de ver las cosas: la evolución indica que los animales también tienen necesidades y la selección natural requiere de la supervivencia. Tales procesos de regulación biológica desarrollaron en nosotros la capacidad de competir para derrotar, cooperar para lograr un mismo fin, excluir para proteger al grupo, y pensar rápido para reaccionar rápido, lo cual indica desarrollar prejuicios positivos y negativos. Es ridículo, pues, decir que el hombre en su estado primitivo es bueno o malo, o que la civilización es buena o mala. Humanizarnos, en cierta forma es iluminarnos y civilizarnos. La modernidad es más paradójica, híbrida, y compleja que “buena” o “mala”, ya que puede derivar en la creación de armas nucleares, pero también en la cura de enfermedades, la construcción de una mejor infraestructura para los ciudadanos y los pobres, etc.

(Sí, ya sé, estoy analizando a Rousseau desde mi óptica del siglo XXI. Pero tomemos en cuenta que muchos pensadores de su época, como Voltaire, se opusieron a sus postulados).

“Es la razón quien engendra el amor propio, y la reflexión lo fortifica; ella repliega al hombre sobre sí mismo; ella le aparta de todo lo que le molesta o le aflige. Es la filosofía quien le aísla; por ella dice en secreto, a la vista de un hombre que sufre: ‘Muere si quieres; yo estoy seguro’. Sólo los peligros de la sociedad entera turban el sueño tranquilo del filósofo y le arrancan del lecho. Se puede degollar impunemente a un semejante suyo bajo sus ventanas; no tiene más que taparse los oídos y razonar un poco para impedir a la naturaleza que se subleva dentro de él identificarlo con aquel a quien se asesina. El hombre salvaje carece de este admirable talento; falto de razón y de prudencia, vésele siempre entregarse aturdidamente al primer sentimiento de la humanidad” (Ibid: 27).

Hasta cierto punto, la intuición de Rousseau aquí no estaba tan errada. Por lo general, durante la Ilustración se creyó en una razón demasiado mecánica. La lógica importa, pero hoy en día, gracias a la psicología y la neurociencia, entendemos con mucha mayor claridad, que la reducción emocional también puede derivar en comportamientos irracionales. Véase a los sociópatas, quienes piensan y calculan, pero no tienen los sentimientos adecuados para tratar con los demás. Lo que no está claro es si Rousseau hubiese apoyado la psicología, la neurociencia y la biología en general… en fin…

“Lo que la reflexión nos enseña sobre todo eso, la observación lo confirma plenamente: el hombre salvaje y el hombre civilizado difieren de tal modo por el corazón y por las inclinaciones, que aquello que constituye la felicidad suprema de uno reduciría al otro a la desesperación. El primero sólo disfruta del reposo y de la libertad, sólo pretende vivir y permanecer ocioso, y la ataraxia misma del estoico no se aproxima a su profunda indiferencia por todo lo demás. El ciudadano, por el contrario, siempre activo, suda, se agita, se atormenta incesantemente buscando ocupaciones todavía más laboriosas; trabaja hasta la muerte, y aun corre a ella para poder vivir, o renuncia a la vida para adquirir la inmortalidad; adula a los poderosos, a quienes odia, y a los ricos, a quienes desprecia, y nada excusa para conseguir el honor de servirlos; alábase altivamente de su protección y se envanece de su bajeza; y, orgulloso de su esclavitud, habla con desprecio de aquellos que no tienen el honor de compartirla. ¡Qué espectáculo para un caribe los trabajos penosos y envidiados de un ministro europeo! ¡Cuántas crueles muertes preferiría este indolente salvaje al horror de semejante vida, que frecuentemente ni siquiera el placer de obrar bien dulcifica!” (Ibid: 50).

¿El relajo mejora nuestra condición de vida y nuestra fortaleza? ¿No es preocuparse por la sociedad una angustia importante? Entiendo que para Rousseau el relajo significa que no tienes nada de qué preocuparte porque nadie se va a aprovechar de ti. Pero en realidad, los animales en la jungla tienen mucho de qué preocuparse si quieren sobrevivir.

“Tal es, en efecto, la verdadera causa de todas esas diferencias; el salvaje vive en sí mismo; el hombre sociable, siempre fuera de sí, sólo sabe vivir según la opinión de los demás, y, por así decir, sólo del juicio ajeno deduce el sentimiento de su propia existencia” (Ibidem).

¿No es la empatía desarrollada en relación con los demás? ¿No es cuando pensamos solamente en nosotros mismos que precisamente nos volvemos salvajes y egoístas?

“…cómo, reduciéndose todo a guardar las apariencias, todo se convierte en cosa falsa y fingida: honor, amistad, virtud, y frecuentemente hasta los mismos vicios, de los cuales se halla al fin el secreto de glorificarse; cómo, en una palabra, preguntando a los demás lo que somos y no atreviéndonos nunca a interrogarnos a nosotros mismos, en medio de tanta filosofía, de tanta humanidad, de tanta civilización y máximas sublimes, sólo tenemos un exterior frívolo y engañoso, honor sin virtud, razón sin sabiduría y placer sin felicidad” (Ibid: 50).

¿Por qué no mejor haber escrito un “Discurso en contra de la vanidad y del egocentrismo”?

“Tengo suficiente con haber demostrado que ése no es el estado original del hombre y que sólo el espíritu de la sociedad y la desigualdad que ésta engendra mudan y alteran todas nuestras inclinaciones naturales” (Ibidem).

Conclusiones

Para ser justos y aprovechar este ensayo de manera positiva, una de las principales ideas de Rousseau es que la igualdad no es “natural” sino un defecto de sociedades que han elegido los vicios por sobre las virtudes.

Sin embargo, la manera en que Rousseau sugiere esta idea es ambivalente, al superponer el humano “salvaje” por sobre el “civilizado”.

Hay sociedades con malos hábitos. Las costumbres son también una institución como diría Montesquieu. Pero necesitamos a la sociedad para desarrollar nuestras capacidades. Es cuando la sociedad deja de ser sociedad que caemos. Es cuando nos salimos de la sociedad que nos volvemos egoístas porque pensamos de manera egoísta, incluso ignorando que la cooperación también puede ser muy beneficiosa para los intereses personales.

No es aislándonos de la sociedad que lograremos la nueva comunidad moral con la que soñaba Rousseau. Es integrándonos y entendiendo que estamos más interrelacionados de lo que creemos.

Tampoco es acercándonos a un estado primitivo abstracto y caprichoso porque eso puede significar, como creen los darwinistas sociales, la “supervivencia del más apto”.

¿La naturaleza de los seres humanos es buena? Es lindo pensarlo así y que a lo largo de la vida desarrollamos vicios que nos corrompen. Sin embargo, nuestra naturaleza no es buena ni mala: tenemos mecanismos que nos capacitan a la mejora y al error.

No porque algo sea natural es bueno: el cáncer es natural y no lo quiero tener. No porque algo sea artificial es malo: la cura del cáncer es una medicina que nos inventamos.

De igual manera, la empatía puede ser natural, pero también la xenofobia.

Hay que ir, pues, más allá de tales simplificaciones para encontrar los verdaderos desafíos y, tras reconocerlos, superarlos.

La moral no surge del aislamiento ni de la negación de la modernidad.

El proyecto ilustrado con todos sus errores, nos permitió mejorar.

Además, pensadores como Rousseau nos advirtieron sobre las deficiencias de nuestras creaciones y nos hicieron soñar.

Pero soñar no es suficiente.

En algún momento, tu discurso debe tocar tierra o contribuirá al caos, en vez de acercarnos a la emancipación.

Referencias

“Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” por Jean-Jacques Rousseau, traducido por Angel Pumarea (1923). Recuperado el 07 de agosto de 2015 de: http://www.catedradh.unesco.unam.mx/SeminarioCETis/Documentos/Doc_basicos/5_biblioteca_virtual/2_genero/5.pdf

World Health Organization Assesses the World’s Health Systems. Recuperado el 07 de agostode 2015 de: http://www.who.int/whr/2000/media_centre/press_release/en/

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