Diccionario Filosófico por Voltaire | Antiguos y Modernos, Artes, Belleza, Democracia, Igualdad, Libre Albedrío

Antiguos y Modernos, Artes, Belleza, Democracia, Igualdad, Libre Albedrío

Reseña del Diccionario Filosófico por el autor de la Ilustración, Voltaire y los conceptos de: Antiguos y Modernos, Artes, Belleza, Democracia, Igualdad, Libre Albedrío.

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En este post:

  1. Antiguos y modernos
  2. Artes
  3. Belleza
  4. Democracia
  5. Igualdad
  6. Libre albedrío
  • *Notas sobre el interés personal y la lógica de dominación

1) Antiguos y modernos

Uno de los conceptos discutidos por Voltaire más interesantes porque este debate continúa hoy en día.

¿Quiénes son mejores: los antiguos o los modernos? ¿Antes o ahora?

Con suspicacia, el filósofo nos dice que la humanidad por lo general recuerda los viejos tiempos como mejores que el presente.

¿Son los poemas como los vinos, es lo añejo siempre lo preferido?

La cuestión estaría en si se están produciendo genios y obras tan grandes como antes.

La Gran Muralla China, las pirámides de Egipto, Voltaire dice que nadie duda que si los modernos quisieran construir tales obras “inútiles”, monumentos al miedo, la vanidad y la superstición, podrían lograrlo gastando sumas inmensas de dinero. De tal manera, nos dirán que la arquitectura de antes era mejor, ignorando nuestras maravillas arquitectónicas.

Nos dirán que nuestros descubrimientos no son abrumadores, ni en anatomía ni astronomía, aunque Voltaire insiste sobre los descubrimientos sobre la circulación de la sangre y los satélites de Júpiter, las cinco lunas y el anillo de Saturno, la rotación del Sol, y las teorías de Kepler y Newton.

El filósofo no cree prudente cerrar los ojos a las maravillas de nuestros contemporáneos, abriéndolos sólo para admirar la ignorancia de antaño.

Para Voltaire, todo el debate se reduce a lo siguiente: hay aspectos en los que los modernos son superiores a los antiguos, y otros, aunque muy pocos, en los que son inferiores.

2) Artes

Año tras año, nos ingeniamos para inventar nuevas artes y oficios. Voltaire nos dice que en su época incluso hacer pan era algo reciente.

Cuando los bárbaros irrumpen las naciones, se les hace difícil aniquilar las artes que son necesarias como por ejemplo las que ejercen los panaderos, carpinteros, sastres, zapateros, entre otros. Lo necesario sobrevive, el lujo es aniquilado. Pero también podemos decir que la humanidad puede vivir sin artes como hornear pan o saber escribir. Después de todo, los pueblos americanos vivieron por milenios sin tales artimañas.

Lo que personalmente concluyo y opino tras leer este artículo de Voltaire es que, si bien podemos sobrevivir sin las artes, también creamos algunas tan ingeniosas y, sobre todo, tan útiles, que se vuelven necesarias, incluso para los bárbaros.  Aunque también podemos decir que hay artes inútiles que no sobreviven por su propia mediocridad y otras que se imponen a pesar de no servir para nada. Habría que categorizarlas y analizarlas.

3) Belleza

Según Voltaire, si le preguntas a los filósofos qué es la “belleza” te responderán con un arquetipo de belleza ideal o “kalon”, palabra que yo interpreto se traduce a “canon”. Pero la belleza para Voltaire no es solamente algo que logra su cometido, sino aquello que causa admiración y placer. Por ende, el canon de la belleza en Inglaterra no será el mismo que el de Francia, ni el de París el mismo al de Pekín (o Caracas). Pero una acción, como por ejemplo, un amigo que se sacrifica por otro, también puede ser tildada de “bella” por causar admiración y placer. La belleza intelectual, es por lo tanto, incierta, pero la belleza que le habla al corazón es distinta. Donde muchos te dirán que no hay nada bello en tres cuartos de la Ilíada, sí percibirán la devoción de Codro a su gente como algo bello.

4) Democracia

Los grandes hombres (y las grandes mujeres) cometen crímenes, pero los pueblos también, en nombre de la libertad y de la igualdad, no por la naturaleza de estos sentimientos, sino por nuestra ambición de poder. Por ende, los vicios del gobierno popular no provienen del republicanismo en sí sino de la naturaleza de las personas. Voltaire da como ejemplo una fábula turca: el dragón de muchas cabezas y el dragón de muchas colas; las cabezas del primero, se hieren entre ellas, mientras que las colas del segundo, obedecen una sola cabeza que busca devorarlo todo. Es por esto que, para Voltaire, la democracia, solo es concebible en un país pequeño y bien posicionado, pero aún así, se cometerán errores, puesto que el país está compuesto de seres humanos.

Entonces: ¿cuál es mejor: la monarquía o la república? El filósofo concluye diciendo que es muy difícil gobernar a los pueblos.

Comentarios: Ben Ray Redman, en su introducción a “The Portable Voltaire” (1977), dice que Voltaire creía en la dignidad del individuo aunque no de las masas. Voltaire era un aristócrata y más allá de ser un republicano, creía en una monarquía de reyes filósofos.

A pesar de ser uno de los ilustrados que inspiró los grandes movimientos revolucionarios del mundo, a veces no le tenía mucha fe a la democracia, como muchos autores de su época, precisamente por lo difícil que es gobernar a las personas.

Yo opino: cuando le perdemos la fe a las personas, le perdemos la fe a la república y eso es algo que tiende a ocurrir, por ejemplo, cuando escuchas a un venezolano decir que aquí lo que necesitamos es a un Pérez Jimenez que ponga mano dura y castigue a todos los herejes, o cuando un intelectual opina que de las masas no puede salir nada útil sino sólo de las élites. Hacer república es difícil ya que, como decía Montesquieu, requiere de virtud, pero prefiero mil veces un gobierno fundamentado en la virtud, que uno fundamentado en el temor despótico, el pundonor monárquico, o la vanidad aristocrática. Hoy en día existen más que suficientes ejemplos de países grandes y pequeños, con mucha o poca gente, con más o menos recursos, que demuestran que sí es posible cosechar virtudes y construir repúblicas. Pero para eso hay que tenerle cierta fe a la gente. No hablo de una fe ciega, hablo de una fe fundamentada en que sí se puede cultivar la virtud, no a través del optimismo “cándido” sino recordando lo difícil y necesario.

Quizá por eso “fe” no sea la palabra adecuada sino “confianza”. La confianza no se decreta ni es ciega. La confianza hay que desarrollarla y ganársela.

Siempre me pregunto qué hubiesen escrito estos grandes pensadores de la historia, si viviesen en nuestros tiempos… Quizá ahí es donde hay que analizar a los franceses de ahora, quienes crecieron leyendo a sus ilustres escritores, para ver esa semilla cosechada.

5) Igualdad

Según Voltaire, podemos encontrar igualdad en la naturaleza de las personas cuando realizan funciones animales y cuando ejercen su entendimiento. Lo que nos diferencia de los animales es que tenemos necesidades humanas, como una casa y una cama. Si el mundo estuviese cubierto de frutas y el aire no nos enfermara, y si viviéramos en estado natural, como los animales, fuésemos tan felices como ellos, puesto que la dominación fuese absurda: ¿por qué buscar vasallos si no necesitas sus servicios?

Por ende, según Voltaire, los hombres son iguales cuando no tienen necesidades y la verdadera desgracia, no es tanto la desigualdad, sino la dependencia.

La dependencia tiene múltiples orígenes.

Por ejemplo, tres familias: una cultiva en tierras fértiles, mientras que las otras dos trabajan tierras estériles. Las dos últimas se empobrecen como resultado, por lo que tienen dos opciones: rogarle a la familia rica por el pan; o atacarlos. De ahí provienen los pueblos subordinados como sirvientes o  esclavos.

El mundo entonces se divide en dos clases que a su vez tienen muchas subclases: ricos y pobres.

La pobreza no significa infelicidad porque el trabajo dignifica, pero cuando esas personas perciben las desventajas de su posición demasiado, empiezan las guerras, las cuales terminan con un pueblo subyugado por los poderosos porque los poderosos tienen dinero y el dinero es el dueño del Estado.

Todas las personas, según Voltaire, nacen con una propensión hacia la dominación, la riqueza, y el placer, consecuentemente, todos quieren el dinero y las mujeres de los otros, quieren ser dueños y someter a los demás a sus caprichos. Con tales inclinaciones, es imposible que los seres humanos sean iguales.

Sin embargo, la raza humana no puede subsistir sin personas útiles: si necesitas unos zapatos, no va a ser un ministro quien te los haga, sino un zapatero.  Por ende, para que las personas no vivan de manera desordenada, cada quien tiene que cumplir con su deber.

La idea no es obligar a las personas a vivir en un país porque sería decir: nuestro país es tan malo que, como todo el mundo se quiere ir, prohibimos que se vayan. En cambio, la idea es lograr que quienes nacieron en su país, quieran quedarse, y que los extranjeros también quieran vivir en él.

Personalmente, veo en el análisis de Voltaire un cierto escepticismo hacia la igualdad absoluta, un desprecio hacia los hombres que no trabajan ni son útiles, y también una preocupación hacia la ambición de las personas por dominar al otro. Diría que Voltaire nunca hubiese sido comunista, puesto que de entrada no concibe posible una igualdad absoluta, y ya hemos visto cómo en los regímenes comunistas quienes controlan el dinero y el régimen central, tienen todo el poder, y con lo mismo subyugan al pueblo. Además, Voltaire considera la dependencia peor que la desigualdad y un régimen comunista tiende a la dependencia.

¿Eso quiere decir que Voltaire era capitalista?

Ya en las cartas inglesas, Voltaire estableció su admiración al sistema impuesto en Inglaterra, incluyendo los beneficios del comercio.

Pero no olvidemos el ejemplo de la familia que tuvo la suerte de cultivar en un suelo fértil donde otros tenían suelos estériles.

Si el origen de la desigualdad es la necesidad y peor que la desigualdad es la dependencia, la cuestión entonces sería cómo equilibrar las necesidades de manera que las personas sean lo menos dependientes posible del gobierno, del mercado, e incluso de sus padres, de manera que ganen autonomía a través de su oficio y puedan valerse por sí mismos.

Volviendo y concluyendo sobre la palabra “igualdad”, el análisis de Voltaire deja la puerta abierta para la moderación y nos invita a pensar: ¿cómo podemos reducir las necesidades de manera que haya la menor desigualdad posible? ¡Qué tema tan complejo! No lo podría resolver aquí. Quizá lo haya tocado en posts pasados y, si no es así, de seguro aparecerá en futuras lecturas y publicaciones.

6) Libre albedrío

Voltaire admiraba la teoría de Locke sobre el libre albedrío porque surge del análisis sobre la naturaleza humana.

¿Los humanos son libres de elegir o no?

Según Locke (citado por Voltaire) esta pregunta es absurda, ya que la libertad no pertenece a la elección. La elección es un “deseo” y la libertad es “poder”.

Si quieres montar a caballo, tienes que elegir: o te montas o no te montas, sí o no, no hay puntos medios. Tal elección no es libre porque en una relación causa-efecto, a la elección algo la antecede. ¿Qué? Una idea. ¿Cuál idea? Que montar a caballo es divertido y por lo tanto quiero montar a caballo.

Si recibes una idea, recibes tus deseos y deseas por necesidad.

Entonces la idea viene antes que la elección, por lo tanto, la idea domina la elección, y la elección no es libre.

¿Puedo resistir una idea? Sí: con otra idea que se impone y domina tu elección.

La libertad es entonces poder hacer lo que uno desea. La libertad es poder actuar.

La libertad es como la salud. Por ejemplo, no siempre estás sano. De igual manera, un obstáculo puede bloquear tu poder de actuar y por lo tanto tu libertad: no siempre somos libres de hacer lo que queramos.

La libertad, para Voltaire, está ligada con las respuestas del organismo y por eso admiraba el análisis de Locke. Por ejemplo, un hombre que tiene a una mujer en sus brazos no puede domar su pasión, sólo tiene el poder de disfrutar, no de controlarse.

Si el organismo es una máquina que no siempre podemos controlar, no siempre controlamos nuestros deseos porque no controlamos las ideas que se imponen a tales deseos.

Sin embargo, Voltaire admite que no sabe cómo se forman las ideas porque desconoce el funcionamiento del cerebro.

Es obvio que para esa época, la filosofía todavía no era ciencia ni mucho menos “neurociencia”, o al menos no tenía los recursos de ahora, así como ahora no tenemos los recursos que tendremos después.

Voy a concluir este post con algunas ideas de psicología y neurociencia que son claves para el debate que Voltaire intentó impulsar al hablar de “igualdad” y “libre albedrío”.

*Notas sobre el interés personal y la lógica de dominación

Me voy a desviar un poco, porque un tema que me fastidia de ciertos filósofos es que digan que lo “natural” del ser humano es querer “dominar” al otro. Como fuera descrito más arriba, Voltaire toca este tema, Nietzsche también lo hace al describir la “voluntad de poder“.

Entiendo que estos filósofos hicieran el mejor esfuerzo posible por establecer una lógica lo suficientemente concisa sobre la naturaleza del ser humano con los recursos a su disposición. Pero cabe preguntarse si vamos a seguir repitiéndola sin desafiarla un poco.

No sé hasta qué punto Voltaire consideraba la ambición humana como algo natural, puesto que también establece la desigualdad como algo que surge de “necesidades” como tener una cama.

Tal idea está ligada a la creencia de que los seres humanos siempre actúan en base a su beneficio propio.

Esta lógica es cierta hasta cierto punto, pero el interés personal no necesariamente significa “imponer”. Cooperar puede comprender el interés personal sin la “imposición”, ya que el beneficio es mayor gracias al trabajo conjunto.

Además, no deberíamos dejar por fuera la posibilidad de que las personas no siempre actúan en base al interés personal. Incluso hoy en día los científicos hablan de mecanismos biológicos, como por ejemplo las “neuronas espejo”, las cuales podrían ampliar nuestra empatía, es decir, mecanismos que nos capacitan, no tanto para protegernos o dominar o subyugar, sino para reconocer el sufrimiento del Otro y tener la disposición de ayudarlos.

George Lakoff, por ejemplo, en su libro “The Political Mind” (“La Mente Política”) dice que las neuronas espejo evidencian que la empatía y la cooperación son naturales, pero deben ser monitoreadas, moduladas, y mejoradas. Según él, la cooperación puede ser concebida como natural, incluso tan natural como el interés personal y la competencia, pero que, sin embargo, incluso la teoría evolutiva ha elegido la competencia como “metáfora”. Según este autor, una metáfora bien o mal planteada, estructura nuestra manera de ver el mundo y puede desvirtuarse en su significado o derivar en interpretaciones que no dejan espacio a otras perspectivas que se complementan. Por eso nos invita a reflexionar: ¿qué pasaría si concibiéramos la evolución, no como la capacidad de competir, sino de cooperar e interrelacionarnos con los animales de nuestra especie para sobrevivir?

Si cambiamos la palabra “competir” por la palabra “cooperar”, entonces no estamos hablando de “contender” para ganar o perder una misma cosa, sino de “obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin” (Diccionario: RAE).

Tal estructura, nos lleva a pensar que lo natural no es que el individuo sobreviva sólo sino que sobreviva en relación con los demás, entonces: ¿por qué sería lo natural dominar o destruir al otro?

Por eso es que estoy en contra del “absolutismo” que nos dice que el ser humano no puede ir más allá de su interés personal, lo cual conlleva a pensar que no podemos ir más allá de una lógica de dominación. Al contrario, según tal narrativa, lo irracional incluso puede ser ir en contra de tu interés personal en cualquier momento y en cualquier lugar.

Además, con los recientes avances en “neuroplasticidad” hay que preguntarse hasta qué punto lo innato es preponderante.

Otra perspectiva interesante para pensar este tema es la hipótesis que Antonio Damasio plantea en “Self Comes to Mind” sobre la evolución del “yo” así como del pensamiento consciente e inconsciente (Click para leer).

Este tema da mucho de qué hablar y se han escrito libros enteros sobre ello. Sólo quiero concluir que si bien la teoría del interés personal puede ser “útil” y puede conllevar a una cierta creencia en la “responsabilidad individual”, no debemos perder de vista otras posibilidades en las relaciones humanas.

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