La virtud y el honor en las Cartas Persas de Montesquieu

cartas persas

Montesquieu es conocido por sus escritos políticos a favor de la división de poderes y el uso de la razón para legislar. La virtud y el honor fundamentan su filosofia y las Cartas Persas narran su valor.

Las ideas universales del Barón de Monstesquieu pueden ser leídas por cualquier persona en cualquier época encontrando en ellas una sabiduría profunda. Pensemos, por ejemplo, en los tres poderes: legislativo, ejecutivo, y judicial, ¿cómo decir que el análisis de Montesquieu es añejo si es el fundamento del derecho público moderno?

Nunca estimo que haya una filosofía perfecta, dogmática, que no pueda ser revisada, pero eso no quiere decir que no pueda ser revisitada ya que contiene aportes dignos de cualquier contexto social.

El mundo ha progresado para mejor, pero a veces se nos olvida, que no avanzamos por simple inercia, sino que llevamos con nosotros por mucho tiempo las banderas de la “virtud” y del “honor”, dos valores que para Montesquieu eran fundamentales en los Estados. Cuando no existen, se pierden los lazos que unen a las personas con sus conciudadanos, con sus líderes, y con otras naciones, por ende, por más que existan leyes, se pierde el Estado, se pierde la libertad, y se deriva en el despotismo y en el caos.

Aquello que distingue el despotismo de otras formas de gobierno, como la monarquía o la república, es que en éstas últimas debe reinar el honor y la virtud respectivamente, mientras que en la primera solo puede reinar el temor.

¿Qué significan el honor y la virtud?

Describamos, en primer lugar, cómo Montesquieu, a través de las cartas de Usbek, el protagonista persa que viaja a Francia, describe el derecho público:

 “(a las sociedades) no las formaran los hombres, si se abandonaran y huyeran unos de otros… los hombres nacen unidos los unos a los otros; un hijo nace junto a su padre y allí se queda: he aquí la sociedad y la causa de la sociedad.

El derecho público es más conocido en Europa que en Asia; sin embargo… las pasiones… la adulación… han corrompido todos sus principios…

… hay dos justicias diferentes: una que regula los asuntos de los particulares, contenida en el derecho civil, otra que regula las diferencias entre los pueblos…

… un derecho civil…sirve… no a un país en particular, sino al mundo…

… el castigo siempre debe ser proporcional a la falta…

… No hay nada más glorioso ni más útil para los hombres que ver cómo otros desean conservar su amistad”.

Montesquieu en las “Cartas Persas (1717).

Destaca que el honor une a las personas a través de la gloria, el respeto y la amistad. Además, la justicia es elemental, pero no la justicia elaborada a través de las pasiones, sino aquella donde el castigo es proporcional a la falta, donde la virtud también brilla, porque es el otro lazo que une a las gentes y a los Estados, aquello que los acerca a la libertad y los aleja del despotismo.

Veamos ahora el cuento de los trogloditas, quienes en sus orígenes no eran nada virtuosos ni honorables:

“Tenían un rey de origen extranjero que a fin de corregir su malignidad les trataba severamente. Ellos se conjuraron contra él, lo mataron y exterminaron a toda la familia real.

Una vez hecho esto se reunieron para elegir un gobierno y no sin muchas disensiones eligieron a sus magistrados. Sin embargo, cuando ya estuvieron en el poder, se les hicieron insoportables y también los inmolaron.

Entonces libres ya del nuevo yugo, se decidieron a vivir conforme a su naturaleza salvaje. Convinieron que, en adelante no obedecerían a nadie y que cada uno velaría por sus intereses sin tener en cuenta los de los demás.

Esta resolución unánime encantó a todo el mundo: ‘¿por qué tengo que matarme en trabajar por gente que no me importa nada?’, dijeron. ‘Pensaré solo en mi y viviré feliz. ¿Qué se me da a mí que los demás lo sean? Satisfaré mis necesidades y, si es así, me importa poco que los otros trogloditas vivan en la miseria”.

Montesquieu en las “Cartas Persas (1717).

El egoísmo y la vanidad de los trogloditas eran lo opuesto al honor y la virtud: ¿cómo se puede construir un país sin lazos morales que nos unan a los demás?

Finalizaré citando una de las metáforas más importantes de toda la historia: el serrallo de Usbek.

El harén es una forma de esclavitud, una institución de la que no nos podemos divorciar, una institución que solo puede existir a través del temor, aunque lo pretenda por honor y virtud, porque es una obligación en la que no todas las partes son iguales, donde no se corresponden los castigos sino a lo que diga uno: el hombre.

Por eso Roxana, una de las esposas de Usbek, concluye en su última carta:

“¿Cómo has podido pensar que yo iba a ser tan crédula como para imaginarme que estaba en el mundo sólo para adorar tus caprichos? Que mientras tú te permites todo, tienes el derecho de despreciar mis deseos? ¡No! He podido vivir en esclavitud pero siempre he sido libre: he modificado todas tus leyes de acuerdo con la naturaleza y mi espíritu se ha mantenido siempre independiente.

Deberías agradecerme el sacrificio que he hecho porque me he humillado hasta parecerte fiel porque he mantenido oculto en mi corazón lo que hubiera debido manifestar al mundo entero y porque he profanado la virtud soportando que llamaran así a mi sumisión ante tus fantasías”.

Montesquieu en las “Cartas Persas (1717).

Me quedo con esa última frase: “he profanado la virtud soportando que llamaran así a mi sumisión ante tus fantasías”.

Virtud, honor, justicia, amistad, igualdad, reconocimiento mutuo, a veces creemos que la libertad simplemente se dice o se decreta, pero la libertad hay que ganársela con nuestros valores, construyendo país en relación con los demás.

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