¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Todo está en tu mente

mente damasio

En “Self Comes to Mind”, el neurocientífico, Antonio Damasio, expone su hipótesis sobre la creación y evolución del “yo” en la mente humana.

Las bacterias no tienen cerebro. No disfrutan del buen arte ni del buen vino ni han creado instituciones creativas y filosóficas como las de nuestras democracias. Sin embargo, tienen un comportamiento. Viven. Sobreviven. Se adaptan.

Quizá una mente consciente como la de los humanos no es necesaria.

Por eso es que nuestra existencia nos abruma.

“¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?” es el nombre de la famosa pintura de Paul Gauguin:

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Para responder a esas interrogantes, podemos hacer más preguntas:

¿Qué es el “yo”? ¿Cómo se forma? ¿Cómo lo pensamos? ¿Cómo afecta nuestro comportamiento y nuestra cultura?

Estas indagaciones han atormentado a la humanidad desde sus inicios.

¿Cómo dar respuesta?

Desde hace un par de décadas, el “yo” se ha vuelto el Santo Grial de la neurociencia, ya que es posible encontrarlo en las estructuras más microscópicas de nuestro cerebro, relacionándolas con el resto del cuerpo y nuestro entorno.

Antonio Damasio se embarca en la búsqueda del “yo” que nos hace humanos, creando una hipótesis neurocientífica compleja.

Entender su relevancia es entender precisamente la relevancia que tiene una hipótesis para la ciencia.

Ellas no surgen de “la nada”. Ellas no son “caprichos” del científico. Ellas emergen de un profundo análisis de la teoría, las evidencias empíricas y de décadas de experiencia, armando un rompecabezas al que le pueden faltar piezas, pero que poco a poco se va completando a medida que se suman otras mentes, que la tecnología avanza, y que se van comprobando las premisas.

Recalquemos que una hipótesis como la que Damasio plantea en este libro, no surge de “la nada”.

En 1999, él ya había visitado este tema en el libro “The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness”, aclamado por la crítica y siendo nombrado por el New York Times como uno de los mejores once libros del año.

Ahora construye sobre esa base en “Self Comes to Mind”.

El texto busca responder dos interrogantes principales:

1) ¿Cómo el cerebro construye la mente?

2) ¿Cómo el cerebro hace que la mente sea consciente?

La neurobiología ha progresado en responder estas preguntas sobre la mente consciente desde varias perspectivas, pero Damasio nos dice que hace falta una nueva: la búsqueda de los antecedentes del “yo” y la consciencia en la evolución.

Su perspectiva, por ende, se fundamenta en hechos fundamentales de la biología evolutiva, requiriendo que consideremos los primeros organismos vivientes e ir estudiando su historia hasta llegar a los organismos actuales.

¿Qué es el “yo”?

Piénsalo así: si el “yo” no es generado, podemos percibir el mundo a nuestro alrededor, pero no lo reconocemos.

Solo cuando se crea un “yo” complejo, es que reconocemos las imágenes que percibimos.

Lo que esto indica es que la subjetividad no es requerida para que los estados mentales existan.

Comúnmente cometemos el error de creer que nuestros grandes cerebros y sus complejas mentes originan las actitudes, las intenciones, las estrategias detrás de nuestra vida sofisticada.

Damasio no pretende minimizar la importancia de un nivel superior de deliberación. Al contrario: la evolución le ha dado ventajas a la mente humana otorgándole más opciones, dándonos la capacidad para tomar decisiones socioculturales que diferencian a nuestra civilización de las inteligentes sociedades de las hormigas.

El problema es que para entender nuestras mentes primero tenemos que entender que la regulación biológica antecede a la consciencia.

La regulación biológica expresada en la homeóstasis es lo que le ha permitido a los organismos sobrevivir y evolucionar, por eso han desarrollado distintos mecanismos para absorber impresiones del mundo que los rodea, procesarlos y adaptarse.

Es decir, esos organismos, inconscientemente, desarrollan un comportamiento.

Relación entre mente consciente e inconsciente

El libro de Damasio tiene una densa descripción biológica que no podría resumir para el blog, pero creo que la relación consciente-inconsciente es una de las partes más importantes del libro.

En primer lugar, el autor nos dice que el inconsciente es sofisticado y no debe ser visto como primitivo, su complejidad e inteligencia es importantísima para la supervivencia y adaptación de las especies.

Debido a eso, debemos entender mejor el rol del inconsciente a la hora de generar actitudes e intenciones.

Si bien la evidencia de la participación del inconsciente en nuestras acciones es sólida, puede ser mal interpretada fácilmente.

Consideremos dos aspectos claves del inconsciente:

1) El proceso inconsciente y el hecho de que puede tener control sobre nuestro comportamiento no están en duda. No solo eso, el control inconsciente es una realidad bienvenida que puede ser muy ventajosa.

2) Es importante reconocer que el inconsciente puede ser formado por la consciencia. Desde la niñez a la adolescencia a la adultez, hay un tiempo largo en que se forma nuestro inconsciente, tomando mucho tiempo para educarlo y crear en sus espacios cerebrales una forma de control que puede operar más o menos de acuerdo a intenciones y objetivos conscientes. Podemos describir esta educación lenta como un proceso que transfiere parte del control consciente al inconsciente. En pocas palabras: si el inconsciente siempre estuviera en control, eso generaría un caos en el comportamiento humano.

Lo que nos hace humanos entonces, es la consciencia, que se forma a partir de un “yo-autobiográfico” que es capaz de reconocer la experiencia absorbida en forma de impresiones para transformarla en conocimiento.

La consciencia prevaleció en la evolución para equipar y mejorar la supervivencia de nuestra especie. La consciencia es capaz de enfocar la mente, le permite adquirir imágenes e interactuar con el mundo a través de la experiencia, la equipa con una motivación, un propósito, una preocupación, y también la ayuda a regular la vida de manera compleja y efectiva.

Si bien el inconsciente ejerce un control importante sobre nuestro comportamiento, en vez de degradar la consciencia, debemos prestarle mucha atención.

En la relación consciente-inconsciente, más que estar una subordinada a la otra, están interrelacionadas de manera “híbrida” o “mestiza”, por ponerle etiquetas que no utiliza el autor pero que espero ayuden a entenderlas.

Esta relación afecta los comportamientos morales, los cuales corresponden a habilidades adquiridas a través de la práctica repetida a través de largos períodos de tiempo, creando un conocimiento informado por el consciente y almacenado y procesado por procesos inconscientes.

Esto significa que la deliberación consciente muy rara vez se basa en decisiones que se toman en cuestión de segundos o minutos. La deliberación consciente requiere reflexionar sobre el conocimiento. Aplicamos esa reflexión y el conocimiento para decidir cosas importantes, para gobernar nuestros amores, amistades, educación, actividades profesionales y relaciones con otros.

Las decisiones que pertenecen al comportamiento moral deben involucrar a la deliberación consciente porque ocurren y se van formando a lo largo de periodos extendidos de tiempo.

Tal deliberación y reflexión permitiría controlar los prejuicios creados por el inconsciente. Para lograrlo, debemos mejorar nuestras capacidades.

Por ejemplo: decirle que “no a las drogas” no es una decisión “de último momento”, no se decide en un segundo.

Decir que “no” requiere una preparación consciente extensa.

¿Por qué?

Porque el inconsciente fue creado y mejorado en el proceso evolutivo precisamente para regular nuestras vidas, ayudándonos a tomar decisiones necesarias para sobrevivir.

Por ende, el inconsciente tiene una manera de razonar que puede ser efectiva y útil: ahorrándonos tiempo y energía en situaciones determinadas.

Por ejemplo, a veces no tenemos todo el tiempo del mundo para decidir a cuál restaurante ir. Gastar horas y horas tomando esa decisión sería poco efectivo, una pérdida de tiempo y energía, no es una decisión de vida o muerte. Consecuentemente, tus archivos emocionales te indican cuáles restaurantes no te gustaron en el pasado. En cuestión de segundos, tu inconsciente te hace la vida más fácil descartando todos los restaurantes que no te gustan, estableciendo preferencias, como resultado.

Esto demuestra que el inconsciente va generando prejuicios conectados a estados emocionales adquiridos. Esto es muy útil, pero también puede ser muy negativo.

La manera en que interactuamos con otros en base al género, la raza, los acentos, las actitudes, tienen relación con esos prejuicios. Un ejemplo es que nuestro inconsciente expresa señales indirectas que indican preferencias a ciertos rostros humanos rápidamente, sin deliberarlo conscientemente, sin procesar toda esa data, por ello es que tenemos que tener cuidado en nuestras vidas cívicas y personales.

Debemos reflexionar muy cuidadosamente sobre lo que el inconsciente te está ofreciendo como mejor opción. La revolución de la consciencia humana, del “yo-autobiográfico”, es que te permite decidir que la opción otorgada por el inconsciente no es válida, volviendo a analizar la data porque quizá tu conocimiento al respecto era insuficiente.

Todo esto es aún más importante cuando votas en una elección o en un jurado.

El poder del inconsciente con sus factores emocionales es tan reconocido que se ha creado una maquinaria monstruosa para manipular tus prejuicios para influenciarlos políticamente.

¿Cómo se controla el inconsciente?

Controlar el comportamiento humano se logra acumulando conocimiento y reconsiderando los hechos descubiertos.

Damasio nos dice que hay que tomarse el tiempo para analizar esos hechos, evaluar las consecuencias de nuestras decisiones y tomar en cuenta los resultados emocionales. Ese es el camino a la sabiduría. En base a ella podemos cambiar nuestro comportamiento dentro del marco de convenciones culturales y reglas éticas. Podemos reaccionar a ellas, estar en desacuerdo, intentar modificarlas.  Una manera es a través de una práctica intensa consciente de los procedimientos y acciones que queremos ver realizadas inconscientemente.

Nuestro desconocimiento y falta de educación de procesos inconscientes explica por qué muchos de nosotros fracasamos en las dietas y el ejercicio. Pensamos que estamos en control, pero muchas veces no, nuestra biología nos lleva a consumir lo que no deberíamos, pero también nuestras tradiciones culturales que se han formado, creando malos hábitos, muchas veces explotados por la publicidad. Crear una habilidad requiere un ritual, un hábito.

Lo mismo ocurre cuando consideramos la adicción a las drogas, muchas veces la adicción a las drogas y el alcohol tiene que ver con esos impulsos biológicos provocados por la homeóstasis como mecanismo heredado a través de la evolución para la supervivencia. A lo largo del día enfrentamos frustraciones, ansiedades, dificultades que cambian el balance de la homeóstasis. Consecuentemente, nos hacen sentir mal o tristes y buscamos esas sustancias, abusándolas para intentar corregir el desbalance rápidamente. Ese placer confunde al cerebro, pero solo es temporal. Cambiar esto, requiere de mucho esfuerzo, incluso para quienes saben que la corrección es temporal porque existe un impulso biológico.

Debemos entrenar nuestras mentes, desarrollando hábitos a lo largo del tiempo que nos permitan controlar los impulsos y prejuicios inconscientes perjudiciales.

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