¿Las emociones nublan nuestra inteligencia o la fortalecen?

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Reseña: “El Error de Descartes” por Antonio Damasio (1994), uno de los libros más influyentes en neurociencia de las últimas décadas, mostrando los últimos hallazgos en razón, coeficiente intelectual, e inteligencia emocional.

Elliot: un hombre de coeficiente intelectual sin inteligencia emocional

Elliot era un hombre de familia, buen padre y esposo con un trabajo importante. Un ejemplo a seguir para sus conocidos.

Lamentablemente, Elliot desarrolló un tumor cerebral que estaba creciendo rápidamente en el área de los lóbulos frontales.

La buena noticia es que el tumor era benigno: un meningioma; la mala noticia es que debía ser removido rápidamente antes de que continuara comprimiendo el tejido cerebral.

La operación fue un éxito removiendo el tumor y, con él, parte del tejido de los lóbulos que había sido afectado.descartes
El resultado fue un Elliot saludable. Su inteligencia y demás capacidades estaban intactas.

Sin embargo, Elliot empezó a mostrar cambios en su comportamiento. Antes de la operación era inusual levantarlo de la cama y prepararlo para la jornada laboral. En el trabajo, no administraba su tiempo efectivamente ni cumplía con el cronograma. Se desenfocaba regularmente. Ya no se le podía confiar una labor y esperar que la cumpliera de manera efectiva. Eventualmente, Elliot fue despedido.

Su siguiente paso fue invertir en negocios propios, incluyendo uno con una persona de mala reputación. Sus amigos y familiares le advirtieron que esa persona no era de confiar, que no trabajara con ella. Pero Elliot no los escuchó e invirtió todos sus ahorros. El resultado fue la bancarrota.

Nadie podía creer lo que estaba sucediendo. ¿Cómo una persona tan inteligente, quien además había sido advertida sobre los riesgos de una aventura como esa, había actuado de esa manera, sin mayor discernimiento?

Los problemas, por supuesto, se extendieron a la casa, resultando en un primer divorcio, seguido de un matrimonio que también fue desaprobado por amigos y familiares. ¿El resultado? Otro divorcio.

La medicina para ese momento, no podía explicar exactamente lo que estaba sucediendo con el paciente: ¿por qué continuaba tomando esas decisiones erróneas? ¿Por qué se había nublado su juicio?

Se le hicieron un conjunto de exámenes psicológicos. Su coeficiente intelectual era superior al promedio. Su percepción, memoria, aprendizaje, lenguaje, lógica, aritmética, entre muchas otras capacidades, estaban intactas.

Elliot, entonces, era un hombre de inteligencia normal, al menos en el papel, porque en la vida real seguía sin poder tomar decisiones apropiadas, especialmente cuando la decisión involucraba asuntos personales o sociales.

Esto llevó a Damasio a concluir que el conocimiento en psicología que se tenía hasta el momento era insuficiente y que solo con nuevas preguntas y nuevos acercamientos se podrían responder los problemas de Elliot.

El primer acercamiento, fue darse cuenta de que se le estaba prestando mucha atención a la inteligencia y el raciocinio de Elliot y muy poca atención a las emociones. A primera vista, no había nada extraño con sus emociones y, sin embargo, había algo diferente.

Cuando Elliot contaba los problemas de su vida, lo hacía como desconectado, como que si fuera un espectador. Calmado, relajado y con fluidez, Elliot narraba sus fracasos sin conmoverse.

El mismo Elliot reconocería eventualmente, que imágenes que antes lo inquietaban, ya no le causaban emoción alguna: ni positiva ni negativa.

Consecuentemente, Elliot fue sometido a un nuevo conjunto de estudios que examinarían sus habilidades sociales y morales.

Elliot también pasó estos exámenes. Los resultados demostraron que tenía una habilidad normal para generar respuestas a situaciones sociales y considerar espontáneamente las consecuencias particulares de esas respuestas.

También tenía la capacidad de conceptualizar las formas en que podía lograr esos objetivos sociales, predecir un resultado y razonar moralmente de manera avanzada. Por lo tanto, los estudios indicaban que el daño cerebral parecía no haber afectado tampoco las capacidades sociales del paciente.

Pero en la vida real, Elliot seguía mostrando problemas a la hora de tomar decisiones.

¿Qué estaba pasando?

En primer lugar, los exámenes reflexionaban sobre decisiones de la vida real, pero no eran la vida real.

En la vida real hay respuestas por parte de otros factores que hubiesen cambiado la situación y requerido, por lo tanto, decisiones adicionales y dinámicas.

Además, en la vida real, no solo es necesario responder en base al lenguaje, también entran otros factores en juego como los sonidos, los olores, las imágenes, la intensidad de la situación, es decir, el contexto social, cultural, y físico donde se deben tomar esas decisiones.

Los estudios indicaban conocimiento sobre posibles decisiones, mas no replicaban la toma de decisiones real.

Damasio insistió en que las emociones estaban afectando la toma de decisiones de Elliot.

Esto no es nuevo: siempre se ha creído que las emociones “interrumpen” el razonamiento.

Generalmente pensamos que las emociones son esas cosas fastidiosas que se entrometen en nuestro raciocinio. Hay mucho de cierto en eso, nos dice Damasio, pero esta visión deja por fuera otra posibilidad:

“La reducción emocional puede constituir una fuente igualmente importante de comportamiento irracional” – Antonio Damasio.

La mejor manera de estudiar esta hipótesis es precisamente en pacientes con defectos cerebrales como Elliot.

Caso tras caso, Damasio nos demuestra con lujo de detalles neurológicos cómo personas con discapacidades  en ciertas áreas del cerebro que manejan las emociones, son incapaces de tomar decisiones apropiadas.

¿Cuál fue el error de Descartes?

Damasio demuestra en el libro que los sentimientos influencian la razón, ya que los mecanismos cerebrales necesarios para ambos están interrelacionados en una combinación cuerpo-cerebro-mente-entorno. Esto no quiere decir que la razón no sea importante o que sea menos importante que los sentimientos, sino que debemos analizar esa interrelación e incluso apreciar cómo los sentimientos nos ayudan en nuestras vidas.

Para ello, debemos estudiar la complejidad biológica y social de las emociones, sin banalizarlas.

El error de Descartes, comienza con la frase: “pienso por lo tanto existo”.

¿Por qué?

No es que pensar y razonar sea malo. Vayamos al fondo del asunto.

Descartes argumentaba que pensar era una actividad separada del cuerpo y de hecho celebraba la separación de la mente, la “cosa que piensa”, de la cosa que no piensa: el cuerpo, que es mecánico.

El problema es que la evolución nos dice que primero fuimos y después pensamos.

El error de Descartes es separar el cuerpo de la mente, sugerir que el razonamiento, el juicio moral y el sufrimiento manifestado en dolor corporal y emocional pueden separarse.

Ayudarnos a comprender la interrelación que existe entre la mente, el cerebro, el resto del cuerpo y el entorno físico y social, es el principal legado de las investigaciones de Antonio Damasio. Muchas de sus propuestas fueron comprobadas, otras han sido reevaluadas, como es normal en la ciencia, pero lo más importante es que demostró las verdaderas raíces de nuestro razonamiento, nuestros sentimientos, nuestro comportamiento y nuestra relación con el mundo que nos rodea.

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